No respondo de las patadas que haya metido el corrector

Otra vez escrito desde el trabajo. No me veo con fuerzas de enfrentarme a la buhardilla en estos días de 40ºC que están previstos para Madrid. No puedes imaginarte lo que es estar allí arriba, y encima metido en mi habitación del pánico. Con mis torres de gilipolladas y mierdas varias, hábilmente acumuladas a lo largo de estos años. Que ya podría abrir 325 ventanas, e igualmente, no circularía el aire. No es que necesitara un ventilador, no… Es que tendría que subirme literalmente en él, para conseguir algo. Y ahora aún estoy yupi-yupi-happy-happy porque tengo ocho horas de aire acondicionado mientras trabajo, pero a partir de mañana… o escribo a las cuatro de la madrugada desde el jardín, o no escribo hasta que no pise la sierra abulense. Porque en el salón hay aire, sí. Pero también niños, gatos, bebé con correpasillos dando golpes a las puertas, televisión gigante, videojuegos a todo trapo, amigos de niños, perros esquizofrénicos, loros dándose un voltio… Como para necesitar concentración en lo que pones ¿sabes? Nada. Asumo mi realidad. Con 40ºC de verdad que es mejor que el mundo no cuente conmigo. Así… en general.

Hoy los dos niños han recogido las notas del colegio. Los dos han cumplido con creces. Y Pedro recumplido, porque le han dado una mención honorífica en matemáticas por su expediente en el ciclo. A Jon le ha faltado poco para reventar la camiseta de puro sacar pecho. Sin embargo, Pedro se ha mostrado impasible y esquivo, y apenas se ha dejado felicitar. Me imagino que ha debido dejar a sus profesores completamente descolocaos. A nosotros, no. Ya le tenemos aprendido y reconocemos sus gestos de satisfacción. El apretar de labios, el mirarse el dobladillo de la camiseta, el ladear la cabeza hacia abajo… La verdad es que si con los niños sordos, te ves obligado a aprender dos tipos diferentes de lenguaje, con un niño sordo asperger, terminas por aprenderte hasta diez. Son curiosas las miradas compasivas solidarias que nos dedican padres y profesores. Supongo que lo deben ver como mil veces más difícil de lo que en realidad es. Porque la verdad es que al final no lo es tanto. Cuando convives con gatos, aprendes a comunicarte con ellos en su mismo idioma. Pues esto es más o menos lo mismo. Asumes que Pedro tiene su propio idioma y te olvidas del tuyo habitual. No hay más misterios, para lograr mantener a un niño asperger tranquilo.

Jon me ha comprado un chisme de abdominales nuevo para que no me joda las cervicales. Ya teníamos uno, todo enorme y aeroespacial, con firlimfles y parfundios, pero según parece, yo necesito uno específico para que mis vértebras C3 y C5 no hagan crij-craj y me dejen como como un dispensador de caramelos PEZ.

Cada día, algo nuevo bajo el sol del entrenamiento espartogasteitzarra.