Souvenirs

Ya ha vuelto mi suegra de Tailandia con regalos de su estilo para todos. Y digo de su estilo porque lo primero que le ha traído a cada cuñada son unas bolas chinas de esas que se meten en la vagina para ejercitar el suelo pélvico a la vez que vas por ahí gozando de la vida (y nunca mejor dicho). Las caras de mis cuñadas han sido un poema. Sobre todo la de la novia de Samu, que solo lleva un mes con la familia y aún no está acostumbrada a tanto norte. Y yo, de verdad te lo digo, cuando se ha girado a urgar en la bolsa y ha dicho “Ah, y para Ariel traigo…” me he echado a temblar. Perfectamente me la imaginaba sacando un falo indígena de 32 centímetros con poderes curativos reumáticos, o algo así. Pero no. A mí me ha traído una especie de totem que representa a un diosecillo cabreado con pelos de pispajo y unos pezones enormes. Luego ha añadido que era para la potencia sexual y ya, hala…orejas como lombardas, a juego con las de mis cuatro cuñadas.

Mi suegra es así. Es incapaz de traerte un termómetro de conchitas o una taza de “Estuve en Tailandia y me acordé de ti”. Ella siempre va a lo bestia. El año pasado nos trajo de Zimbabue una especie de lagarto feísimo disecado y barnizado con mirada estupefacta. Tuvimos que esconderlo en el trastero porque cada vez que se lo arrimábamos a un perro, se ponía a llorar (el perro, no el lagarto; si hubiera llorado el lagarto, aún estaríamos ambos intentando despegar las uñas del techo). Todavía anda por ahí. Cada vez que aparece, cuando trasteamos por los armarios , te juro que los gatos bufan.

Estoy muy cansado. Muy, muy, MUY cansado. Ahora mismo, me toco las costillas y me duele. Doblo una pierna y me duele. Levanto un brazo y me duele. Respiro más de un minuto y me duele. Dice Jon que las agujetas se quitan con más agujetas. Bueno. Vale. Quiero creerle, pero desde luego por ahora, lo único que he conseguido es amontonar dos tandas. Además, anoche me acosté tardísimo por quedarme estudiando para el examen de hoy.  Porque sí, hoy he tenido EL PENÚLTIMO. Me queda uno. UNORRRLLLLL...

El mes que viene es mi cumpleaños. Me ha preguntado Jon cómo quería celebrarlo, y le he dicho que comiéndome dos barbacoas de chorizos criollos y panceta, una fuente de ensaladilla rusa, cuatro platos de croquetas y ocho jarras de sangría con vermut.

Luego he dicho "y un poquito de fruta."

Ya sabes... Para no parecer desesperado.