Tormentas y pelotas

Vuelvo a ser yo. Me apetecen ganchitos. Una bolsa de esas de 25 kg. que luego eres incapaz de esconder en la bolsa de la compra y te la tienes que llevar pingando por la calle del piquito. Ganchitos naranjas y gigantes. De los que te dejan los dedos naranjas de queso recontrasaladito que luego te rechupeteas chuicks-chuicks. Mmmmh... creo que se me está pasando el hechizo de la doctora vetusta morla y vuelvo a ser yo. Verás tú. Al final lo de la apuesta de los 10 kg. se va a volver mucho más emocionante. O al menos para mí.

Hoy ha habido un apocalipsis de lluvia y barrabumba en Madrid. Justo me ha pillado cuando estaba en el parking del trabajo recogiendo unos discos de música  del coche para ponérselos a mis compañeros. En los apenas 50 m. que hay entre el coche y la puerta, me he mojado con el equivalente de tres zambullidas de piscina. Impresionante. Mis zapatillas han salido fuera haciendo tip-tip-top y han vuelto a entrar haciendo chulfs-chilfs-cholfs. Y los vaqueros pegaditos al cuerpo. Y los pezones rebozaditos en camiseta. Y los pelos. Ay, los pelos. Si con sol ya son imposibles, imagínatelos con lluvia. Ahora mismo que se han vuelto a secar, los estoy viendo reflejados en la vitrina y me estoy asustando yo solo. Parezco un jardín botánico con orejas. ¿Sabes qué? Puede que lo de la chupa de agua, haya sido una especie de castigo divino cósmico, porque los discos que estaba recogiendo del coche eran de rancheras. Es indudable que el kharma no debe de quedarte especialmente limpio después de obligar a tus compañeros a ocho horas de "pero sigo siendo el rey".

Sigo repasando y estudiando lo que ya no debería estudiar y repasar. Mañana tengo otro examen. Y la semana que viene otro. Y la siguiente, otro. Y la siguiente, ya me habrá dado un pairo y estaré tocando el tambor por las calles con los calzoncillos en la cabeza. Así que creo que voy a dejarlo y me voy a dedicar a leer un batman tumbado en el suelo con los pies contra la pared (tumbado yo, no Batman), al estilo Jon K.

María ha dejado de robar coches en la guardería y ahora roba pelotas. De todos los colores, formas, estampados y tamaños. Y lo peor es que luego las va lanzando al chimpún por el universo y las vas dando pataditas poim-poim por toda la casa. Hoy le hemos tenido que quitar a Canuto de los dientes los restos de una pelota de Pato Donald, con un SERGIO enorme escrito con rotulador. Recuerdo a Sergio, sí. Pobre Sergio. También era el dueño de cierto coche de policía con luces y ninonino que devolvimos unas 19 veces, y de una especie de robotito de cuerda que Jon pisó (y aplastó) con toda la fuerza de sus 9 arrobas de pata.

Creo que el kharma de María también tiene que andar fatal.