Vascotrainer

He hecho con Jon la apuesta de las apuestas. Yo siempre estoy apostando con Jon. Constantemente.  A que gano al Halo, a que el próximo coche que pasa es rojo, a que soy capaz de beberme esa cerveza sin respirar, a que mañana voy y me peino... Siempre apostando. Siempre. Y todos los premios son guarrerías, porque no hay que olvidar que somos la suma de dos testosteronas y eso... en algo tiene que notarse. El caso es que aposté con él a que sería capaz de engordar diez kilos hasta el final del verano y la verdad es que lo voy consiguiendo. Pero claro, no se trata solo de engordar chichas. No es que quiera convertirme en una especie de flubber con pelánganos. Para ganar peso también necesitaría forma física y masa muscular. Así que esta mañana se me ocurrió la brillante idea de pedirle ayuda. Al fin y al cabo él está diplomado en mil y una chifladuras deportivas. Tiene el título de profesor de natación, de socorrista, de monitor de paracaidismo, es negro de judo, capitán de rugby, ha corrido maratones, triatlones, ha hecho buceo, escalada, parapente, trail running, boxeo, carrera de yenkas a la pata coja en el Gran Cañón del Colorado... cojones. Dime tú a mí si voy a encontrar alguien mejor (y más a mi alcance) para resucitar mis maltrechos musculitos de perroflauta. Y me ha dicho que sí, claro. Pero con mirada de guasa y con "al segundo día te cansarás." Y yo me he posicionado. Firme. Fiero. Férreo. Fantasma. "NO-VOY-A-DEJARLO. PÓNMELO Y LO HAGO HASTA-EL-FINAL. APUESTA. APUESTA CONMIGO."

La boca me pierde. Eso lo supe más o menos desde que nací.

Ya tengo mi plan de entrenamiento vascokiller. 14 semanas. Veintemil ejercicios distintos distribuídos entre cardio, piernas, brazos, epigastrio y vayaustedasaberqué. Algunos tan guais como saltar a la comba y otros tan jarl como hacer 30 flexiones.

Treinta flexiones. Treinta.

Tranquilamente diría que no he hecho una flexión en mi puta vida.

Ay... Esto va a ser superbonito.