Ay...

Ayer posteé desde mi buhardilla y casi me da un jamacuco. Uno no recuerda todo el calor que puede expeler un ordenador portátil, hasta que lo tiene debajo de los morros en una tarde de 38ªC. Qué cansinismo de julioagosto madrileño. Tengo que acordarme de hacerle la ola al mes de Octubre cuando llegue. Que ningún año llego a agradecérselo lo suficiente. Pero mira, hoy no voy a ser el Nepomuk que tropieza dos veces en la misma piedra, y voy a postear desde el trabajo, con mi nepoculo pegado al aire acondicionado. Para celebrar que es viernes y me esperarán por delante otras dos entradas de infierno infernal.

Jon se va a Shanghái. Casi seis días. Se marchará mañana por la tarde y volverá el viernes que viene por la mañana. Me quedo de amo de calabozo con los dos niños, los perros, el loro, la chinchilla, los dos gatos adultos, el gato bolsillo, el loro y la spiderwoman escapista del pulpo. Aún no lo he terminado de asumir del todo, porque me acaba de dar la noticia por teléfono y permanezco todavía un poco en estado de shock. Me ha dicho que si necesito ayuda puede avisar a su familia para que me eche una mano. Le he dicho que no, que no era necesario. No sé por qué. Porque el chicle de menta que estaba mascando me ha debido de nublar el cerebro o algo así. Bueno, intentaré no entrar en pánico antes de que se vaya. Siempre me quedaran Gustavo, Jokin y su perro salchichón, para encasquetarles algún niño o perro, mientras yo termino de evitar que se me mate otro. Que para eso están los vecinos que aún no se han arrepentido de serlo ¿no?

Anoche dejamos a María durmiendo en la cama nido con Simón y Matraka. Con eso conseguimos que Simón durmiera, que María durmiera y que nadie se estampara el cráneo contra nada, pero el pobre Matraka no parece que haya pasado una noche muy pacífica. Cuando nos hemos asomado esta mañana, María estaba profundamente dormida encima de sus lomos, y tenía una de sus orejas aferrada con las dos manos, como si el pobre animal fuera una Vespa. Realmente, no podemos decir que haya sido una solución satisfactoria para todo el mundo. Sobre todo para el perro. Rogamos a Belcebú que la cama-camión no tarde más de los diez días estipulados. Si no, estoy viendo que al final tendremos que meter a María en la jaula de la chinchilla para que se esté quieta. Y te aseguro que de ser así, no doy dos duros por la integridad física de la chinchilla.

El minigato sigue con diarrea. Cada dos por tres le veo salir a toda pastilla con el culo porropopopops y meterse debajo de los muebles. Mi relación con él es como un bucle infinito de recogida de minicacas y pasada de toallitas limpiaculos. Y claro… con semejantes urgencias sumadas a un evidente paticortismo, tampoco puedo enfadarme porque el pobre animalito no llegue a tiempo a soltar las cacas en el arenero. Bastante hace con tener la decencia de meterse debajo de un mueble. Que peor sería que directamente me las soltara encima a la que pasa. Me he gastado 40€ en latas gastrointestinales de Hill’s. CUARENTA. Como pille a alguno de los gatos sanos metiendo el hocico en el comedero del minicagón, se lo cuelgo del tendedero con una pinza.