Día 1: québonitotodo

La chica que nos hace de canguro ha enfermado de mononucleosis. A las seis de la madrugada he llamado a mi suegra para ver si podía venir a echarme una mano con los tres niños. Siempre que se va Jon pasa algo. No falla. Niños con amigdalitis, paredes que gotean, canguros con mononucleosis… Salgo a imprevisto por viaje internacional. Doy gracias a Belcebú por tener una familia política tan numerosa, porque como dependiera de mí, ya me dirás de dónde coño sacaba yo ahora una niñera. Como no le ponga una cofia a los gatos…

Jon K. ya ha llegado a China entero y de una pieza. Ayer hice una videoconferencia con él (de esas de nepobabeo) en lo que era mediatarde para mí y medianoche para él. No tenía mucha cara de jetlag y así se lo dije. Me contestó que era normal. “Me he pasado casi todo el vuelo durmiendo.” Ese es Jon. El único animal capaz de dormirse tan pichi agarrado a un poste en mitad de un maremoto de lava. También en eso somos un huevo y una castaña. Yo para poder dormirme necesito silencio, horizontalidad, aire fresco y oscuridad. Él necesita tener sueño y punto. Así pasa, que en todas las fotos que tenemos en los aeropuertos de vacaciones por esos mundos extranjeros de Dios, él sale todo guapo, fresco y lozano y yo con cara de adorador de Satán en horas bajas.

Bueno, y haciendo un poco de bitácora sobre estos días de caos: ayer logré estructurar todo el día entre perros, gatos, loros y niños sin muchos sobresaltos, ni demasiadas meteduras de pata graves, salvo una; llevarme a María de acompañante mientras limpiaba los baños. Descubrió el escobillón del wáter y luego se pasó todo el día cogiéndolo de los tres cuartos de baño y embadurnando muebles, animales, personas y paredes del agüinchi que rezumaban, con la misma alegría y fruición de quien usara un plumero de avestruz. Al final, después de horas inútiles de intentar mediar con ella e intentar explicarle por qué lo de la mierda en las paredes no es una gran idea, tuve que cerrar las puertas de los cuartos de baño, aprovechando que su paticortismo no le permite llegar aún al pomo, y comprarle en los chinos un fregador de juguete, para que pudiera seguir limpiando imaginariamente tan feliz, con algo que no convirtiera nuestra casa en el Bacteria Fecal's Park. Funcionó, sí. Al menos hasta ya entradas las ocho de la tarde, que descubrió que al otro lado del fregador había un palo y volvió a entretenerse con la destrucción masiva.

Me despido de este post haciendo una meditación profunda sobre lo que sería una María si encima no tuviera hemiparesia, y no llevara férulas de corrección. Es decir: doble velocidad. Dos piernas… dos brazos… dos manos… dos pies… dos escobillones del wáter…

Ya sabes. Todo lo problemático en esta vida es suceptible de ser peor.