Gominolas, estrellas, disciplinas

Ha vuelto mi compañero raro. Me he tirado toda la semana pensando en lo poco que me apetecía volver a tenerle frente a mí mirándome de hito en hito y ahora ya es una realidad. Ahí está. Mirándome 2 minutos de cada 3. Y encima se ha traído unos 250 kg. de gominolas y de vez en cuando me tira una a la mesa. O a la mesa quiere tirarla, porque en realidad ya me ha dado tres veces en la cabeza. En la última le he puesto cara de perro. "Oye, estate quieto ya." Me ha devuelto una mirada de lemur triste. De esas que me hacen imaginarle pasando toda una juventud metido 24h/día en casa de su madre, bajo su asfixiante halo protector, y me llenan de compasión. Jon para eso es más práctico. "Las compasiones bien medidas, Ari." Ya. Como si fuera tan fácil.

El miércoles por la noche fuimos a ver la lluvia de Perséidas. Nos llevamos el telescopio, sacos de dormir, una nevera con golosinas varias y cuatro frontales de luz. Dejamos a María con la abuela. Llevárnosla al monte hubiera sido peligroso. Peligroso para el monte. A ella la consideramos capaz de sobrevivir en mitad del desierto de Atacama con un clip y dos bolsas de riskettos. No he visto una niña más panzer en mi vida. De verdad. Así que nos fuimos Jon, Pedro, Simón, los tres perros y yo. Íbamos muy entusiasmados y aventureros. Pedro abriendo camino y dando instrucciones, como si en vez de ver cuatro estrellas pedorras, fuéramos a descubrir agua en Marte. En realidad nuestra tribu funciona muy bien en formato aventura porque estamos perfectamente equilibrados entre los dos capitanes de la formalidad y el sentido común (leáse Jon y Pedro) y los dos absurdos del despendole y el yupivenga (léase Simón y yo). Y así pasó claro. Que los dos absurdos del despendole nos quedamos fritos encima de los perros cuando no llevábamos ni tres estrellas vistas. Lo de tomarse el mundo a guasa termina siendo bastante cansado. Os lo digo de verdad. Pero estuvo bien así porque de ese modo nos quitamos un poco de en medio y Jon pudo darle a Pedro una de sus lecciones magistrales sobre estrellas, universo, constelaciones y puñetas. Fue una experiencia bastante impresionante para él. De hecho, ya han pasado dos días y todavía sigue escribiendo al respecto. ¿El qué? ni idea. Él lo escribe todo. Vive con la angustia permanente de olvidar algo importante. Es muy tierno.

Vuelvo a adelgazar y a tener dolores de huesos hasta en las orejas. Las vacaciones le han venido fatal de la muerte a mi superplan maravilloso de ponerme en forma. Y no puedo contar con Jon estos días porque está en formato IRONMAN-IRONMAN-PORESPARTA-AH-UH! y no puedo interrumpir su concentración.

Qué poco duro yo en formato disciplina. De verdad. Cada día menos.