Miña punkarra

He conseguido que María deje de cantar "Me pica un huevo" y se pase a "Miña Terra Galega", que no es que sea la solución de las soluciones, pero oye... al menos no incluye gónadas en la letra, y eso ya es un avance. Esta mañana he ido con toda mi buena voluntad y le he puesto el disco de los Cantajuegos de mierder (desde aquí todo mi odio coyuntural para ellos) y no ha tardado ni dos segundos en decirme "TÚ PON MAPICA UNNUEVO ¿VALEEEEEEEE? SÍIIIIIIIIII". Así que, me rindo a las evidencias de estar criando una punkarra de casi dos años. Dice Jon que cuando sea mayor, me dedicará en el telediario su primer botellazo a los antidisturbios. Ya casi puedo verme con tripita cervecera, desde mi sofá de cuadritos diciendo "¡ESA ES MI NIÑAAAAAA! ¡DALE AHÍ!"

Me he ido hoy a trabajar francamente preocupado por el minigato. Esta mañana, aún no sé cómo cojones, ha aprendido a subirse hasta el pasadizo gatero que construyó Jon en el jardín, para evitar que salieran de la linde y entraran en al parcela de la vecina. No debería ser algo que me preocupara, porque un pasadizo gatero es precisamente para que paseen gatos, pero cuando le he visto, ya andaba intentando meter cabeza y patas por entre la malla metálica para ver que podía descubrir más allá del más allá. En cuanto ví la fisonomía que iba tomando al crecer, ya supe que este gato me iba a traer problemas. Patas traseras grandes, rabo excesivamente largo... Va a ser un trepador y saltador de primera. Y gato trepador, gato problemático. De toda la vida (aunque lo del pozo ya me podía haber dado una pista...). Sigo diciendo que me pasa por llamarle Hocus Pocus. Si lo hubiera llamado Juan Antonio, otro gallo me cantara. Seguro que a estas alturas se estaría limitando a tirarse en el sofá a lamer Doritos barbacoa.

Sigo teniendo dolores aislados. Menos intensos que días anteriores, pero los tengo. Anoche me quedé con Jon a ver A Single Man en la televisión grande. Craso error quedarme con Jon a ver nada por la noche. Se levanta a entrenar con las gallinas (por lo temprano, no es que vaya a correr la ironman en una granja avícola), así que cuando no han dado ni las diez y media, tiene la fea costumbre de quedarse frito allá donde lo pongas. Y así pasó. Que no llevábamos ni 10 minutos de película y ya se me había dormido encima. Y cuando digo encima, lo digo literalmente. Con sus noventaymuchos kilos de músculo espartano. Eso sumado a que el minigato aprovechó mi inmovilidad absoluta para trepar hasta mi pescuezo y tirarse a dormir en mi clavícula, con toda la plantificada de culo delante de mis morros. Y así tuve que ver la película. En formato momia babilónica de medio ojo. Claro, así pasa, que ahora mismo en vez de rabadilla y lomos, tengo dos parcelas de ay-ouchs-ufs-basta.

El martes tengo cita con la neuróloga. Cruzo los dedos de los pies por mí.