Ouchs

Los días se acortan, los calores se amortiguan y yo soy feliz, feliz, feliz porque voy de optimista y ya me huele a otoño. Que sí. Que ya sé que aún lo mismo ni te has ido de vacaciones todavía, pero mira... hay menos luz. Eso es evidente. Ahora a las 7, cuando estoy dando de comer a las bestezuelas, tengo que encender la luz de la cocina. Eso en julio no pasaba, te lo aseguro. Vamos para el otoño. Alegría, alegría y Pan de Madagascar.

Ayer tuve un día malo de dolores. Me salían de la espina dorsal hasta ambos brazos y ramificándose hasta el cogote. Aguanté sin decir nada como un campeón absurdo para no tomar medicación. Siempre hago lo mismo. No sé bien por qué, ni qué tipo de pulso pretendo echar con la química, pero lo cierto es que aguanto todo lo que puedo. Encima era día de limpieza. Pedro persiguiéndome cada 15' para recordarme que no había limpiado aún mi trozo (porque en casa lo de las funciones va en plan cuartel. Cada uno su sección y rotando según la semana. Que en algo se nota que tenemos a un comandante al mando). Hacia las 5 de la tarde, Jon se olió algo y dejó las bromas de "o limpias ya, o te meto en la caseta del perro" para preguntarme a solas si estaba bien. Me flipa que sea capaz de intuir cuando me duelen los huesos. Sobre todo porque de verdad que estoy absolutamente seguro de no demostrar ni el más mínimo gesto de debilidad. Son ya muchos años de entrenamiento. Pero aún así, él se da cuenta. Yo lo negué todo, claro. Le dije que estaba perfectamente y que justamente iba a limpiar en ese mismo momento. Y él, también experto en respetar mi orgullo absurdo en modus silencioso, hizo como que me creía y dijo "venga, pues te ayudo para que terminemos antes", y asumió todo lo que significara doblar el espinazo o levantar peso. Al final, me trajo el antiinflamatorio con la cena. "Ya sé que no te duele, pero tómatelo, por precaución, que ayer estuviste patinando." Quiero mucho a Jon. Es un gran compañero. Respetuoso. Con el pasar de los años se hace muy complicado que un compañero sentimental siga siendo respetuoso. Nos terminamos venciendo como las viejas bisagras y nos cuesta reaccionar y reconocer al otro como alguien ajeno a nosotros mismos y nuestras mierdas. No es el caso de Jon. Él siempre reconoce mi espacio y lo respeta. Admiro mucho el respeto. Creo que es lo que más agradezco en una persona. Cuanto más en una persona que encima te conoce como la palma de su mano.

¿Hoy? hoy mejor. Una vez empastillado caí en la cama como un ladrillo. Y ahora mismo noto los típicos flecos de dolorcillo de espinazo que sobrevienen a un día chungo. Al final nos dieron la plaza para Pilates en el Centro Cultural. Estaba pensándome si ir o pasar, pero creo que... al final voy a ir o voy a ir. Estoy un poco harto de estos días de albóndiga humana que tengo que pasar cada X tiempo por cojones. Siento que necesito estiramientos de gato. Mis huesos necesitan estiramientos de gato.

Mi cerebro necesita estiramientos de gato.