En sus marcas

En el último momento he rechazado la plaza de Pilates en el Centro Cultural. Yo y el pilates. El pilates y yo. No sé por qué me resisto. Creo que la culpa la tiene Jon con su manía permanente de reírse de ello y llamarlo "gimnasia para mariquitas". Realmente la vida tiene que ser muy cómoda desde esas manos de pelotari y esa fuerza burribestia de lanzador de troncos. Me imagino que allí arriba todo lo demás te debe saber a mariconada.

Mi compañera Lola se sorprende mucho de que yo utilice tanto las palabras mariquita, mariconada, maricona y demás. Dice que son palabras despectivas hacia mi género sexual y que debería ser el primero para evitarlas. Yo me río. Me parece completamente absurdo lo de la corrección social a base de medir palabras. No son las palabras las que te meten la hostia, sino la forma de pronunciarlas y los hechos que acompañan. La palabra en sí no es nada. Letras unidas formando un sonido. No entiendo por qué todo el mundo se empeña en dar importancia a las idioteces. Creo que en nuestra lucha por el buenrollismo nos estamos volviendo todos un poco gilipollas.

Jarl... Me disperso. Debe ser por toda la radiación que llevo en el cuerpo, con tanta resonancia y tanta placa. No me sorprendería que un día de estos amaneciera verde. Pero eso. Que he rechazado la plaza de pilates hasta que me terminen todas las pruebas y recontrapruebas que me están haciendo. Por si acaso. No vaya a ser que me diagnostiquen una morfondilosis esplectocorial para la que vayan fatal las papayas y el pilates (y que nadie lo busque, que me lo acabo de inventar).

O también, simplemente, puede ser que no me apetezca una mierda hacerlo y esté buscando cualquier excusa a la que poder lanzarme en plancha, sí...

Mañana cogemos el avión rumbo a la ironlocura, con el resto de espartanos (ah-uh) del grupo de Jon, que van motivados como una panda de marines esquizofrénicos puestos de speed. Anoche vinieron a tomar unas cervezas y a terminar de brindar por el éxito. Todos se han propuesto debutar con una marca de menos de 10h. Jon no. Jon es el anticompetidor por excelencia. Ni se altera, ni se angustia, ni se preocupa. Cuando le pregunto "¿tú con qué marca quieres terminar?" siempre me contesta lo mismo "¿Yo? Yo quiero terminar."

Te lo digo. Realmente la vida tiene que ser muy cómoda desde allá arriba.