Lunes

Qué lunes más nada llevo... Estoy como el día. Nublado y amarillo-gris como las natillas de un bar de carretera. Hoy recojo los resultados de las resonancias magnéticas y voy al internista y a la neuróloga. La semana pasada estaba preocupado. Hoy he entrado en una especie de decaimiento espeso, que al menos me mantiene lo suficientemente vegetal como para no dar vueltas al coco. El viernes viajo con Jon y sus espartanos, para darles ánimos y palmas en la Ironman. Por ahora me intento centrar en eso y no en pensar en mucho más. No he vuelto a tener dolores significativos, pero sí noto que algo no me va bien por ahí dentro. No sé explicarte por qué. Supongo que uno conoce sus mecanismos y sabe cuando se le ha aflojado algún fusible. Esperemos que no sea demasiado importante.

Y ahora lo alegre: tenemos boda. Pequeña, secreta, privada y silenciosa. Pero tenemos boda. Vivan los novios. Ya han empezado a mover papeles. En nada desempolvamos los vaqueros de gala. No habrá fiesta, ni ruidos. Solo amigos y una cena y copas en algún sitio donde podamos rebozarnos en alcohol hasta que amanezca, en nombre del amor y la libertad (yeah!). Me alegro por Jokin, pero más por Gustavo. Es una buena persona. Las buenas personas se merecen alegría. Es así.

No más ¿vale? estoy barrambumplaf. Pásame los dedos por los rizos y déjame que descanse un rato. Así. Tirado, sin pensar en nada. Mañana ya te contaré que han dicho los mecánicos y si hay que cambiarme la correa de distribución o... algo de eso mismo.