Voy a dedicarme a los post-telegramas

Hola Blog. Siento tenerte tan callado. Es esta mierda de costilla fisurada, que me tiene un poco limitadito. La verdad es que cuando me siento al ordenador, me duele. Y cuando me levanto. Y cuando respiro. Y cuando vivo, en general. Así que intento pasar el mayor tiempo posible tumbado y paralizado de cintura para arriba, en plan camaleón. Me duele hasta teclear en el móvil. A ese nivelazo estoy. No tenía intención de coger baja laboral, porque me viene como una patada que me descuenten esos tres días de salario, pero visto el percal, me temo que no me queda más remedio. Estoy llegando estos días a casa como si me hubieran partido el esternón por cuatro partes. Y eso contando con que Jon me lleva y me recoge todos los días, para evitarme el trajín del transporte, pero aún así... los momentos de empastillamiento no me cunden mucho.

Pobre Jon. Dije que estaba talmente como si hubiera matado a Papá Noel. No exageré nada. Se siente culpable, y pasa las 24 horas pidiéndome disculpas, apoyándome el hocico lastimero, como los perros, y mimándome hasta el absurdo. Me he hartado de hacerle ver que fue un abrazo de cariño, y no que me pateara contra la pared (aunque eso hubiera quedado un poco así para una foto-finish), pero a pesar de todo se siente malo, torpe y miserable y no sabe qué hacer para compensar la situación.

De todas formas... ojo a la mierda de huesos y cartílagos que tengo ¿eh? Es consecuencia de toda la química que me metieron cuando el cáncer de rodilla. Creo que de alguna forma he terminado por convertirme en una especie de espantapájaros. Igual me doblo hasta chuparme el dedo gordo, que me das una palmadita y hago crajs.

Gajes del oficio de ser yo.