Halloween-Z

Preparamos ya nuestra fiesta Halloween. Me flipan nuestras fiestas Halloween. Lo pasamos teta montándolas (inversamente proporcional a lo que disfrutamos desmontándolas). Este año no dimos muchas vueltas con la temática. Echamos un vistazo a nuestro jardín y nuestros cuartos, llenos aún de plásticos, trastos y botes de pintura y pensamos "casa abandonada." Pues eso. Casa abandonada en Apocalipsis Zombie. Nos gustan los zombies. Amamos los zombies. Vivan los zombies y el apocalipsis. Estoy maquetando dos tipos de invitaciones. Una para humanos supervivientes y otra para zombies. Los humanos tienen que venir "disfrazados para la guerra." Jon está moviendo hilos para que nos presten unas cuantas decenas de equipos láser-tag. Realmente, esto va a ser todo un apocalipsis. Y este año los sustos los multiplicamos por mil. Para empezar, la fiesta será nocturna y con nada más que una linterna pequeña cada cinco humanos. Y encima linterna de dinamo. De las que hay que recargar a base de darle a la manivela. Solo eso ya promete bastante. Y vamos a ponerles a los perros adornos luminiscentes, para que cuando los iluminen una vez, puedan verlos flotar en la oscuridad y contribuyan al cague general. Además añadimos la merienda-cena visceral (de triposa, no de profunda) y la musiquilla desasosegante que ya casi tenemos recopilada. O sea... la polla halloweenesca en prosa y verso.

Desde luego no se puede decir que no nos lo curramos ¿eh? La madre de la novia (futura) de Pedro nos dijo el año pasado que deberíamos profesionalizarnos con lo de las fiestas temáticas. Pero sabemos que sopesarlo, es fastidiarlo. Cuando lo haces por pasta, dejas de divertirte, y si dejas de divertirte, dejan de salir bien. Es una regla de tres clarísima.

Jon se ha pedido capitanear al equipo de humanos supervivientes y yo al de zombies. Aún no sabemos cuantos niños vendrán. Desde luego los de la guardería de María quedan descartados (quedaría feo terminar en la cárcel por maltrato psicológico de bebés), pero solo por parte de Pedro y de Simón, ya calculamos como poco 25. Esto va a ser grande, señores. Como siempre.

Sí, no... Los vecinos encantados no están. Pero solo es una tardenoche al año y nos perdonan. Además somos los gays locos hippies de los perros. Ya han visto a María yendo a comprar chuches con el tutú, el sombrero de John Wayne y el sable jedi, y a mí sacar la basura con zapatillas luminosas. Bien pueden esperarse un apocalipsis zombie.