Sofanding

Se me siguen desplazando los churiburris del campo visual. Ya solo me estorba la visión de un cachito pequeeeeeño de la derecha. He conseguido pasar el asunto desapercibido en el trabajo como un campeón, así que... me autoestrecho la mano y me autofelicito.

Ayer fuimos al IKEA a comprarme el sofá para la buhardilla. Fue algo improvisado, me encontré con Jon en la puerta del trabajo esperándome en un "halavamos que te acompaño y nos lo quitamos." Creo que lo hizo en parte para asegurarse de que no cogía el coche de vuelta a casa, y en parte para asegurarse que no compraba una mierda de sofá. Me había puesto muy cabezón con que no quería que me regalase nada para mi guarida. Es un cuarto (o cuartucho) que solo uso yo, así que cualquier cosa que se ponga allá arriba es un gasto innecesario en el presupuesto de la casa. No quería ser un puto caprichoso, ahora que ya me había acostumbrado a mullir los hierros salientes del sofá viejo con cojines. No me sirvieron de mucho las buenas intenciones. Estaba cansado, me dolían las sienes (cuando no es pascua) y seguía viendo cosas giratorias a ratos, así que solo quería tumbarme en la sección de sofás poner los pies en alto, y dejar que el mundo se compusiera solo. Jon hizo un "déjame a mí" y me regaló un sofá. Un sofá que yo no me hubiera comprado porque se salía 250€ de mi presupuesto. Y yo me dejé. Me dejé llevar hasta él. Me dejé sentar. Dije "uau... mola todo..." y ahí me quedé con los ojos cerrados, hasta que los abrí y Jon estaba delante de mí, guardando papeles y diciéndome "Hala, ya está solucionado. Vámonos." Luego a la que salíamos por aquellos pasillos infernales del averno, también me regaló un cuadro. Uno de Klimt. Mi cuadro favorito, en bastidor y tamaño gigante. Me encanta el cuadro. Me encanta Klimt. Tiene ese tipo de melancolía que me hace sentir bien. No sé explicar por qué. Es como una sensación espumosa. Como cuando acaricio a los gatos mientras se duermen. Algo así.

También compramos platos azules y cortinas de hojas verdes. Y me comí dos perritos calientes con cebolla frita y pepinillos. Me gustó la tarde de ayer. Fue el día de dejarme mimar como un consentido. Y no fue tan terrible, la verdad. Ni me sentí mucho más estúpido que otras veces. Cuando me acosté, caí como una piedra. Hoy traerán mi sofá nuevo que no hubiera podido pagarme. Pienso hundirme en él como si no hubiera un mañana. Hasta que todo esto se pare.

Como que el qué. Pues esto. Esto que gira.