¿Y si...?

Se ha tenido que ir a Kabul. Anoche y de inmediato. Ni pasar por casa pudo. Aún está aquí la lista de la compra que teníamos que haber hecho esta mañana. No es preocupante. No va a meterse en ningún follón, como antaño. Solo a recabar datos. Y debería volver antes del martes. Pero siempre que se marcha, me da por asomarme al armario y pasar las perchas con su ropa. Y sacar alguna camiseta, para meter la nariz entre ella y sentir los rastros de su olor. De esa calidez extraña de seguridad.

Y mortificarme un poco con la idea de lo que sería el dolor, si alguna de aquellas veces no hubiera vuelto.