Hocus Locus

Ayer castraron por fin a Hocus Pocus. Por culpa de las obligaciones de aquí y de allí, lo tuve que dejar sobre las cinco de la tarde y recoger a las siete, así que cuando lo hice ni siquiera había podido espabilarse del todo. Lo pasó mal. No le funcionaban las patas traseras e iba deslizando el culo por toda la casa como un sapo paralítico. Me acosté sobre las 4 vigilando al gato por arriba y por abajo y sacándole de todos los follones surrealistas en los que se metía, tipo meterse de panza en el cuenco de agua o intentar subir escalones solo con las patas delanteras. Además, los otros dos le gruñían. Siempre lo hacen cuando huelen a veterinario. No he pegado ojo, y por rebote, tampoco se lo he debido dejado pegar a Jon. Me habré levantado unas nueve veces para ver dónde se había metido (el gato, no Jon. Jon cuando se acuesta entra en formato oso montañés y necesitas una grúa hidráulica para levantarlo). Al final me quedé dormido cuando ya casi amanecía y me ha despertado el mismo Hocus Pocus, ya recuperada la movilidad de las patas, soplándome una oreja cinco minutos antes de que sonara el despertador. Y así le he dejado para irme a trabajar. Todavía con pupilas de haber visto a la Vírgen de los gatos y un poco esquizofrénico tipo "QUÉBONITOTODO CÓMOMEGUSTA MEDUELENLOSHUEVOSDIOSMÍO OSQUIEROMUCHOTÍOS MALDITOSMORIRÉIS..."

Conclusión: si ayer estaba yo estaba cansado e inaguantable, hoy ya... Directamente soy una mamma italiana a la que le han pisado el fregado.