Hoverboard

Me han quitado el hoverboard. Que pensándolo bien, ahora no me acuerdo si te había dicho que me habían dejado un hoverboard... Pero sí. Lo trajeron Jokin y Gus de Los Ángeles, que es el sitio de donde todo el mundo se trae las tonterías más grandes. Jokin, que me conoce como si me hubiera parido, me lo dejó unos días para que lo probara, porque Gustavo se había metido un hostión de boca aprendiendo a usarlo y había cogido manía al trasto. Me encantó en cuanto me ví encima de él (del hoverboard, no de Gustavo). Fue auténtico amor a primera vista. Facilísimo de usar. Presionando hacia abajo, para delante. En los talones, para atrás. En un lado, el giro. Maravilloso y facilísimo. Como un skate obediente. Jokin dijo "quédatelo unos días si quieres, que veo que te gusta" Vaya que si me gustó. El primer día me dediqué solo a ir en línea recta. El segundo a la marcha atrás y las curvas. El tercero a partirme la crisma. Directamente. Muy al estilo Ariel Nepomuk. Velocidad + salto. Escaleras y bordillos. Giros en trompo agarrado a la columna del salón. Ayer, en una de esas, salí disparado en un giro y terminé empotrado contra las cajas del garaje. No me hice demasiado daño. Solo un poco de magulladura y alguna herramienta de arriba que se me cayó en la cabeza. Cuando llegó Jon por la noche, preguntó. "¿Qué le ha pasado a las cajas del garaje?" Y María, como siempre, me sentenció como quien no quiere la cosa. "¡HA SILO ÉL, ES MUY DIVIRTIDO!"

Esta mañana le ha devuelto Jon a Jokin el hoverboard. Le ha dicho "Deja de darle juguetes en los que matarse dependa de su sentido común, por favor." Así es Jon en sus estados de furia controlada. Tan brillante como significativo.