Jon

Hoy la guardería de María se iba enterita a visitar Faunia. Ayer por la noche, mientras ella metía uvas en el microondas y casi incendiaba la cocina (descuéntese aquí el 75% de exageración paterna) nosotros aún estábamos cosiendo chalequitos amarillos como dos abuelitas de merienda. Porque por supuesto, Jon se ha ofrecido como padre-vigilante para acompañar a las cuidadoras en la excursión. Faltaría más. Donde hay sarao infantil, allí está Jon K. Da igual el tipo que sea. Él siempre dice que sí, y de paso me mete a mí en el follón Chalecos amarillos, decoraciones de carnaval, carteles de fútbol. No lo digo con excesiva pena. La verdad es que yo hubiera dado el huevo izquierdo y parte del derecho por tener un padre como él. Sobre todo a estas alturas que todavía los papás son superhéroes. Luego ya me imagino que vendrá la adolescencia y el avergonzarse de que tu padre esté en todos los saraos y vaya a animarte a los partidos con la cara pintada de verde. Pero por ahora dejémosle que disfrute de sus cachorros futboleros y sus niñas incendiarias. Y que coño... incluso de su descerebrado con pelánganos rodando el skate por el salón. Que seguro que los años que pasó en su pacífica e impecable casa de Malasaña al lado del autobusero se aburrió como una oveja.