De mayor quiero ser espartano

Ayer empezamos a hacer el entrenamiento. Ya sin "pres" ni historias. Directamente me cogió de una oreja y me echó al foso de los leones. Yo supliqué un poquito. "Pero ¿no deberíamos hacer primero el preentrenamiento y...?" y él no demostró piedad. "No. Se acabaron los ensayos." Tal y como prometió, duró poquito. Calculo que estaríamos 30 minutos, contando los 10 de carrera de calentamiento y los 5 de estiramiento. Pero qué 20 minutos, coño.... Fue algo así como convertirse en una suricata hiperactiva vigoréxica puesta de speed. Pimba-pamba-pimba-derecha-izquierda-salta-agacha. Y los lunges. Los putos lunges. Maldito sea el ser humano chiflado y enfermo que inventó los lunges. Cuando terminé me tumbé sobre la cama y me pasé la media hora siguiente sin más actividad (física y mental) que escuchar mi propio pulso arterial saliéndoseme del cuello como si no hubiera un mañana, mientras Jon Karlos Z. se dedicaba a hacer la cena canturreando como si en vez de haber estado reventándonos los músculos, hubiéramos estado dando un paseín por el parque tomando un heladito.

¿Y sabes qué es lo peor? que no me duele nada. NADA. Ni una agujeta. Ni un malestar. Nada. Me acosté muerto y con los hígados en el tobillo y me he despertado absolutamente descansado, relajado y en paz. El dolor de cuello, de espinazo y de lumbares... desaparecido. Ni rastro. Y la cabeza, perfecta.

No me digas que no es para coger a Jon Karlos Z. y odiarle fuerte. Un poquito.