La furgo

Jon ha comprado una furgoneta. Y una moto. Pero lo de la moto lo sabía y lo de la furgoneta ha sido en plan sorpresa improvisada. Desde que nos metieron al pobre Pepe Penas por la verja y la cantidad y tamaño de perros nos creció exponencialmente, ya sabía yo que no le hacía ni puta gracia tener que llevarlos en el módulo auxiliar. Cada vez que salíamos de viaje y los tenía que meter dentro, lo decía. Que no le gustaba llevarlos allí. Que estaban a oscuras. Que aquello era como una caja. Que no le convencía, por espacioso que fuera. Así que lo de la furgoneta ha sido casi como la crónica de una compra anunciada. Pero aún así, me enternece. Estos gestos de considerar a los perros como parte de la familia y dar prioridad a lo que puedan sentir, me emocionan entero. Cuando me enseñaba la furgoneta ayer y me decía "mira, aquí ponemos a los dos grandes que puedan mirar por la ventanilla y detrás con la red a los pequeños, que ahí llega el aire acondicionado..." casi le abrazo y lloro. No lo hice en parte porque se hubiera descojonado de mí en plan Nelson y en parte porque hacerlo delante de tres vendedores y otros dos clientes hubiera quedado ligeramente moña. Pero las ganas las tuve, de verdad.

Ea. Pues ya tenemos furgoneta, niños, perros y guitarras. Le pintamos unas flores, nos dejamos melenita y hala. Ya podemos montar un grupo folk.