Las noches de conjunto

Anoche no logré dormir más de 3 horas. Toda mi tribu ha puesto su pequeño granito de arroz para contribuir a ello. Para empezar, Jon tenía dolor de estómago. A Jon nunca le duele nada porque está hecho de acero galvanizado hipoalergénico, así que cuando algún virus rebelde se salta su barrera infranqueable y le ataca, por levemente que sea... se me altera entero y ya no para. Se levantó unas 345 veces. Por supuesto despertándome involuntariamente, porque quieras que no, son 95 kilos que se levantan de la cama y eso se nota. A la 346 me levanté detrás y le encontré sentado en el jardín, en calzoncillos. "Me duele el estómago, estoy viendo si se me pasa." "¿Qué has tomado?" "Nada." Justo. Nada. También muy típico de los seres de acero galvanizado. Esperar que los bichos se mueran solos a base de aburrimiento, silla y jardín. Pues bueno. Como además de galvanizado es un espartano razonable, fui a la cocina a por el Almax. Y allí, zas. Pedro en pijama apareciendo con un papel en la mano y un bolígrafo en la otra. Por supuesto, sin el implante puesto, así que todo en lenguaje de signos: "Pero... ¿qué haces levantado?" "¿En Port Aventura el shambhala está en la zona de China Imperial o en la Polynesia?" No tuve que fingir mucho mi cara de estupefacción para darle expresión a los signos, no. Pues nada. Paciencia, tranquilidad, tacto y a llevarle hasta la cama otra vez, de forma que no se alterase demasiado (o sea, evitando mandarle a hacer puñetas, que es lo que realmente te apetece en ese momento). 30 minutos. Y luego vuelta al Almax. Y vuelta al vasco. Y vuelta a acostar al vasco. Y luego a las 5:00, mi gato pequeño (que tiene un radar el cabrón para detectarme semidespierto en una mala noche), jugando con uno de sus ratones de peluche encima de mis narices. Pero literalmente. Perdí la cuenta cuando ya amanecía, pero creo que le eché de la cama unas... quizá 22 veces. Afortunadamente, después pude dormir ya tranquilo y seguidito. Justo los treinta y pocos minutos restantes hasta que se puso a sonar el despertador. Un festival.

Y nada. Que eso. Que llevo encima 3 horas de sueño y que hoy voy a ser un dechado de simpatías y parabienes. Y si no, al tiempo.