Taras

Ando todo contento y vivaviva. No hace ni diez minutos que ya he reservado el Hotel El Paso para el Halloween de Port Aventura. Nos vamos todos (todos los que caminamos sobre dos patas). Jon quería premiarles por el esfuerzo de todo el curso y por las buenas notas. Al menos en lo que respecta a Pedro y Simón. A María digo yo que querrá premiarla por las pegatinas rojas, por pasarse la autoridad por el potorrín y por tirar el correpasillos por las escaleras. Y a mí por rayar el parquet con el skate, lanzar robots de 200€ por la ventana y organizar carreras suicidas con el hoverboard. Ya sabes. En casa, cada uno tiene sus méritos propios. Sea como fuere, hay premio para todos. Cuatro días y tres noches. Hemos cogido una habitación para nosotros y otra para los tres chicos. Cuando se lo dijimos se emocionaron enteros. Sobre todo Pedro, que eso de estar al mando le despiporra de felicidad. Lo cierto es que él es causa y efecto de este viaje, porque nuestra idea inicial era llevarlos a todos al Halloween de Eurodisney. Pero ya con un pie en el verano, lo cierto es que aún no le vemos completamente preparado para aguantar un viaje entero de avión sin que entre en una de sus crisis de agobios y mequieroir-mequieroir. Y aunque su psiquiatra nos dijo que si le medicábamos teníamos muchas posibilidades de éxito, ni a Jon ni a mí nos apetece una puñeta obligar al pobre crío a viajar puesto de valiums. Así que nada. Cambiamos a Salou que está cerquita y listo. Todos al coche y carretera. En el coche no hay problema. Lo siente como parte de su entorno familiar y viaja en él tranquilo y feliz.

Al fin y al cabo para eso montamos nuestra tribu. Para que las taras de cada uno siempre pudieran encajar sin problema en algún sitio. Y si no, que se lo digan a mi pobre BB8.