Amor walpurgis

Estoy emocionado entero con el lanzamiento de Resident Evil 7 para PS4 VR. Hasta octubre no se pone a la venta, pero Jon K. me la reservó a modo de regalo de aniversario (apunte para recordar entre unicornios y corazones de brillis, que el día 11 del 11 hacemos nuestro primer lustro de matrimonio de pera con manzana). Probablemente sea el mejor regalo que me hayan hecho en el mundo mundial. No veo el momento de empezar a darme hostias con las paredes. Porque me las voy a dar. Muchas y buenas, ya te lo digo. Y me voy a cagar vivo de miedo y a decir ochenta veces "por qué demonios me habré metido en esto." Con las cosas de miedo igual que con las montañas rusas o las patatas fritas. No puedo vivir sin ellas, pero con ellas tampoco.

Dentro de quince días es el cumpleaños de Pedro. Le hemos preguntado si quería que le montáramos una fiesta absurda temática de esas que tanto nos gustan para alegría del vecindario, pero ha dicho que no quería fiesta grande porque solo iba a invitar a sus dos amigos raros y a "su novia." Se nos han caído las orejas cuando lo ha dicho. Estábamos recogiendo el desayuno y nos hemos puesto tan nerviosos que casi metemos a María en el lavavajillas y le ponemos la mochila a la cafetera. Con el disimulo de dos elefantes puestos de speed, hemos salido en tromba hacia el sofá como quien no quiere la cosa para intentarle sacarle más información, pero nada. Pollas en salmuera. No ha soltado ni prenda y por supuesto no hemos insistido porque:

1. Pedro se cabrea fácilmente y como te cierre su cremallera emocional, vas frito.
2. Tanto Jon como yo, somos dos padres adoptivos buenos, formalitos, enrollados, respetuosos y guais, y no dos putos ansiosos QUE QUIEREN SABER QUIÉN ES SU NOVIA PORDIÓS CÓMO NO NOS HA DICHO ANTES NADAAAAAAAAAAAAAAAARLLLLL...

O puede que un poco ansiosos sí que seamos.