Bambalinosis

La historia es esta. Son diez niños de una clase de danza clásica. Nueve niñas y un niño (hola prejuicios). Su profesor hace tres meses cogió una baja temporal por depresión. Me contrataron para sustituirle. Me encontré con diez niños con una función a medias (pero no simple de las de colegio, sino de esas por las que encima van a cobrar 5€ por entrada para causas nobles) y un curso a medias, a tres meses del fin de ciclo. Mi primera idea fue "pues a tomar por culo la función hasta el año que viene y punto", pero luego me encontré con los niños. Que son majos y ponen mucho empeño y tienen caras de esas llenas de ojos que te hacen nudito cuando te vienen a preguntar si entonces ya no van a poder actuar como los de teatro y los de música. Así que en una quijotada, cogí todo el pifostio que el exprofesor suicida había dejado a medias e intenté terminar de montarlo. Y en qué hora. Primero, porque es una cursilada de cojones y no me gusta NADA (viene a ser justamente todo lo que yo no montaría jamás) y segundo, porque no tengo tiempo material de cambiarlo de una forma decente, sino solo de vestirlo de otro color y que parezca distinto.

Se me encendió la bombilla de las ideas imposibles y pasé todo el día de ayer con el profesor de música y la profe de teatro, para poder hacer una sola función mezclada, de las tres cosas. Una donde se pudiera esconder un poco el desbarajuste que tenemos con el número. Y en esas estoy pasando el fin de semana. Entre bambalinas y chimpunes, porque la función es el sábado que viene, y en estos momentos no tenemos nada del todo montado, ni ensayado. Y yo, para hacer montón con el desastre, soy lo menos "profesor" que ha parido madre. Vamos, que me queda el papel como a un santo dos pistolas y que no sé por qué cojones escogí pedagogía, cuando podía haber escogido la especialidad de "uno que pasaba por aquí, vio luz encendida y se apuntó a esto."