Exámenes. Alegría, alegría y Pan de Madagascar

Hoy el primer examen dentro de unas horitas. No lo llevo del todo bien preparado, pero al final me pilló el toro y no pude dar más de sí. Esta vez no me he quejado tanto como en los de febrero. Me gustaría decir que porque he madurado, pero no. Solo es porque tengo demasiado spleen para eso. El spleen. Mi querido amigo el spleen. Supongo que ya te he hablado antes de él. Es esa sensación que te deja con la vitalidad de una berza y con las ganas de emprender de un calcetín. Pues esa. Esa misma. Me he pasado todo el tiempo libre de las últimas dos semanas durmiendo. Y luego despertando y dedicándome a hacer las urgencias a todo correr y dando bostezos. Ahora mismo estoy en la biblioteca y pensando que tendría que haberme traído una almohadita o algo, para echar una cabezadita entre estanterías escondidas. Una hora, he dormido hoy entre pitos y flautas. A las nueve volvimos del fútbol, a las once estaba dibujando, a las doce preparando la clase del sábado que viene y a las dos, pasando apuntes. A las cinco y algo se asomó Jon a la buhardilla y me encontró dormido sobre el sofá con la cabeza encima del portátil. Estoy seguro de que si te fijas bien, aún puedes distinguir la flecha del intro tatuada en mis belfos.

Con esas, Jon me apagó equipos y luces y me llevó medio en volandas a la cama. Mientras me quitaba las zapatillas dijo algo así como "ya vamos necesitando verano, Ari..." Pues sí. Y mucho. Me quedan tres lunes. Bendito julio. Si tuviera que irme en Septiembre, yo no sé qué trozos iban a poder quedar de mí para echar a la piscina.