Guau

Hoy te escribo antes del examen. Aprovechando el fresquito de la biblio. Estoy pesadito con el calor ¿no? pues esto no es nada. Te quedan tres o cuatro meses de aguantarme. Esto va a ser como un eterno viaje en ascensor conmigo.

El otro día hicimos un ensayo de viaje en furgoneta. Fue un desastre. Cuando colocábamos un niño se nos descolocaba un perro y cuando teníamos al perro, se nos escapaba el niño. Al final, con todos metidos y atados (menos nuestros nervios), hicimos los 20 km. hasta la parcela de mi suegro con los perros en un permanente ladrido. No un ladrido chungo, no. Un ladrido tipo "Qué buenos son los padres franciscanos / qué buenos son / que nos llevan de excursión." Creo que les emociona sobremanera lo de que les hayamos sacado del cajón auxiliar ese. Lo malo es eso de que se tiren todo el viaje dándonos las gracias. Que oye... a mí con las lametadas de oreja de cuando les abro las puertas de los coches y las patazas de barro sobre la camiseta blanca, ya me valía. Jon lo flipó bastante con eso de que yo le pusiera intenciones a los ladridos perrunos. Él dice que un ladrido de agradecimiento y un ladrido de mecagoentusmuertos en principio debería sonar igual. O sea, guau. Pero no. Nonononononono. Que uno ya tiene un curriculum en bestias del mundo y distingo perfectamente cuando un gato o perro me está contando su vida o cuando quiere que me quite de en medio.

Hubo mucho cachondeíto con eso en casa. Cada vez que un perro movía una oreja o se tiraba un pedo, saltaban todos "Ari ¿qué crees que está queriendo decirnos?" Hasta María me llegó a poner el pulpo en las narices diciendo "¿¿¿QUI QUIELE DISIR CUANLO TI MILA???" ahí yo cogí el pulpo y lo lancé por el hueco de la escalera en plan ataquito diciendo "QUE QUIERE SER UN PULPO VOLADOR." Enseguida me arrepentí de haber olvidado que ella es una niña de (casi) tres años y yo un zanganazo de 26, pero me duró poco porque María es María, y si en esas circunstancias una niña normal debería llorar y salir corriendo gritando "papá Ariel me ha tirado el pulpo" a ella le pareció fascinante verlo aterrizar sobre los jarrones de pispurris(*) y su única reacción fue descojonarse y bajar a tirarlo otras 25 veces para verlo caer. A la 26, Jon dijo "no quiero ni pensar en cuando sea madre..." y yo contesté "guau."

No un guau de afirmación. Un guau de quítate de en medio.

(*) Los jarrones con pispurris son unos jarrones del tamaño de Pamplona con una especie de plumerajos, que permanecen con nosotros como vestigio ornamental de cuando Jon tenía casa cuqui en vez de tribu.