Marteslunes

Acabo de hablar otra vez con mi subdirectora. Me ha dicho que ha reclamado mi revisión de categoría y sueldo. "Me han dicho que a ver si podemos hacer que entre en este mes." No sé las veces que llevo oída esa frase. Y las que me quedarán. Intuyo que tranquilamente podré estar oyéndola hasta Navidades. O hasta que me salgan canas en el escroto. Debería volver a hundirme moralmente, pero me voy el viernes de vacaciones y eso no resultaría del todo constructivo, así que esta vez he optado por hacer un Scarlett O'Hara y pensarlo mañana. Mañana de cuando vuelva, allá hacia finales de Julio, cuando todo el mundo esté haciendo las maletas para irse. Me encanta volver cuando todos se van e irme cuando todos están. Me encanta esa soledad contracorriente de número primo. Va mucho conmigo.

Hoy vuelve Jon. También me encanta cuando vuelve Jon. Mis espacios vitales se reordenan y las cosas me salen mejor. Estamos acostumbrados a trabajar en equipo. Quiero enseñarle las historietas que he hecho de María. Están todas sacadas de momentos reales así que según las dibujo me descojono recordándolas. María es una fuente inagotable de risas a toro pasado. Y digo a toro pasado porque en el momento lo que te apetece realmente es escabecharla. Su última ocurrencia fue meterse ayer la manguera de regar por el pantalón del pijama y abrir el grifo. Justo cuando acababa de bañarla y le estaba preparando ya la cena. Cruzó todo el salón con el culo chorreando agua y diciéndome "mira qué pesquita estoy, ahora a senar y a momir." Esa facilidad pasmosa que tiene para afrontar las trastadas más terribles con la parsimonia de un samurai me fascina. Ojalá me enseñe un poquito de eso, cuando sea más mayor. Me vendría francamente bien para cuando tenga que prender fuego al despacho de mi jefe con él dentro y no dejar pruebas ni testigos.