Voy a decirte hola, ahora que no me esperas

Me zumban los oídos. Cuando muevo la cabeza hacia los lados. Los oigo sonar aoooaoooaooo... No pasa nada, ni es la primera vez. Es un aoooaooo familiar y eventual. Lo hacen mis bichos cerebrales. Y solo sale con el silencio, así que ahora mismo me acabo de poner música. Música externa para apagar mi música interna.

Hoy he dado mi primera clase. Estoy muy somnoliento desde ayer. Me dormí a las nueve de la noche en el sofá mientras veía la televisión, y me fui durmiendo y despertando intermitentemente hasta esta mañana a las siete, que ha sonado el despertador para enviarme a dar clase a mis diez niños. Luego he vuelto con sueño, he comido con sueño, he estudiado con sueño y ahora mismo acabo de dejar de jugar a videojuegos con sueño.

La primavera parece bastante dispuesta a espesarme la sangre.

En mi clase hay nueve niñas y un niño. Cuando estaba organizando el grupo, una niña le ha dicho bajito a otra "es muy guapo" y se han reído las dos como dos ratones. Tengo el guapo subido para los monitores de yoga y las niñas de ocho años. Y para Jon. Para el resto del mundo no. Ahí ya sigo siendo el tonto de los pelos.

No me soporto estos días con toda esta somnoliencia. Voy a volver a salir a correrandarentrenar con Jon y sus gorilas del rugby. Cuando fuerzo el cuerpo, el cerebro se me despierta. Y no me duermo por las esquinas, ni los oídos me cantan aoao. No sé. A lo mejor los espartanos vigoréxicos del mundo empezaron así.