Día 11. Snif.

Se me va el veraneo y se me viene mi cumpleaños. Justo dentro de diez días. El mismo día que me toca volver a trabajar. A eso se le llama tener sentido del humor eligiendo fechas ¿no?

Esta mañana hemos bajado temprano a Madrid para hacer la última visita-revisión a los gatos. Estaban gordetes y lozanos, y me han parecido bastante felices sin mí (esta falta de trascendencia acabará conmigo). Aún así me han recibido con miaus y frrrrrzs, así que por lo menos eso que me llevo. Ya no volveré a verlos hasta dentro de... cuatro días. Cuatro días, madre mía qué mierda. Ya no me daría tiempo ni a recibir un paquete de correos. Esto se acaba. No sé qué demonios ha pasado este veraneo que se me ha pasado volando. Por no tener, no he tenido ni tiempo de aburrirme. No sé qué pasa conmigo. Creo que voy hacia atrás, como los cangrejos, y que en vez de madurar, me estoy inmadurando. Es la única explicación a que esto del verano me haya cundido tan poquito. Por lo demás doy gracias a los dioses del Tiétar por no habernos dado más que un par de días de calor en todas nuestras vacaciones. Ayer fue uno de ellos. Estuve viendo pelis de terror hasta la 1:00 con Gustavo y para cuando me fui a acostar no corría ni un pelo de aire. Jon estaba tumbado en completo despatarre (recordemos aquí la cama de 1'35) y en pelotas así que cerré la puerta para no dar mucho espectáculo de amanecida a Jokin y Gus, que dormían en el cuarto de enfrente. Cuando llevaba diez minutos ya había hecho 35 cambios de postura, así que abrí un poquitín la puerta en busca de corriente, y nos eché un poco la sábana para tapar las vergüenzas. Dos minutos duré. Después bajé de la cama de un salto, abrí la puerta de par en par, subí la persiana a tope, me despeloté y me despatarré al lado de mi mapache de kg. en plan "vale, tengo polla pero esto es julio", como si no hubiera un mañana. Lo siento. Sé que no soy el rey de los anfitriones discretos pero odio el calor por las noches. Máxime cuando tengo que compartir un espacio chiquitito-chiquitito con un vasco grande-grande.

He adelgazado. Nada extraño, porque estoy comiendo todo lo que no debo, y evitando todo lo que debo. Así que otra vez se me empiezan a caer los pantalones y me empiezo a notar demasiado hueso en las clavículas. Eso sumado a mi bonito color moromierda (ana asfe, nonna Agra) y mi pelo rubioblanco tricolor extraterrestre, me da un aire de lo más secsi. Muy adecuado para las pintas de mamarracho veraniego que llevo full time, con los pantalones cortos y las chancletas.

Anoche me hice la firme promesa de engordar 20 kilos de aquí al 2017. En plan "a Dios pongo por testigo..." Estoy harto de seguir siendo yo. Quiero ser ese otro que me imagino cuando me quiero. Ese que todavía no he logrado ver más allá de mi imaginación.