Día... Ay

Me levanto con los lomos doblados. Alguien debería escribir un tratado sobre las putas camas de las casas de vacaciones. O sobre el amor, porque la verdad es que aquí hay cuatro camas sobrantes que están bastante mejor que la que uso, pero que me supondrían separarme por las noches del espartano. Así que mitad por tonto, mitad por maldito... me cago en la piedrez de colchón. Además de escaso, solidificado. Mi apunte mental era habérselo dicho a la dueña pasado mañana cuando nos pagara la fianza que le dimos, pero ayer le hice un siete a la (puta) sábana al enganchárseme en el (puto) somier de la (puta) cama, así que mejor disimularé lalalá y cerraré la (puta) boca. No vaya a ser que quiera comprobar algo del somier y descubra que por el roto de la sábana cabe un niño pequeñito. Al menos no antes de que me devuelva mis 200 eurillos, que me van a venir muy bien para gastármelos en el fisioterapeuta.

Ya está. Ya casi nos vamos. Anoche se fueron Jokin y Gustavo. Hacía un vendaval que cerraba las ventanas, así que el fresquito era estupendo y no había mosquitos en el horizonte. La noche era fabulosa. Estando sentados en una terracita me dio un poquito de bajón al pensar que en dos días estaría otra vez viendo coches, rapideces y la cara de sapo imbécil de mi jefe, pero Jon me lo disipó recordándome que en octubre volvemos a irnos de parranding a Port Aventura. Aunque fue como desnudar a un santo para vestir a otro, porque Pedro recordó que tenía su locura de planning sin concretar y tuvimos que comernos 678.935 veces su "me he dejado el planning de port aventura en Madrid." Así que enseguida me entraron de nuevo ganas de ahogarme en el mojito y terminar con todos mis sufrimientos veraniles.

Estoy agresivillo ¿no? Es porque me voy. No quiero irme. No quiero volver a Madrid. No me gusta Madrid. Odio a Peter Pan.

Bueno. Y porque me acabo de levantar de la piedricama. Ahora cuando nade un par de largos y estire los músculos atrofiados, supongo que ya... todo el mundo me parecerá más guapo.