Día...algo

UY QUE CASI ME ESCAPO HOY SIN ESCRIBIIIIIIIR... pero no. Hoy hemos estado en las charcas hasta que casi se ha ido la luz. Acabamos de llegar a casa con tres cajas de pizza porque hoy es una de esas jornadas en las que se perrea del todo. Hoy es el día de Maríamonita. Lo suyo ha sido una sarta de triunfos encadenados. El primero: ha trincado una víbora de agua. Con sus dos miniovarios. Estaba con Pedro, sentada en la lagunilla pequeña, y venga a coger renacuajos y a traérnoslos en las manos. "¡PAPÁ MIRA, UN NACUAJO! ¡MIRA QUE NACUAJO, PAPÁ!" Y nosotros ahí, con nuestros ombligos al sol como dos lagartos "¡qué bonito, María!¡mira a ver si hay más!" y así hasta que en una de esas hemos oído más algarabía de la normal, y al mirar, hemos visto a Pedro con cara de volver de los infiernos y a María sujetando la bicha con las dos manos por la cola "¡MIRA PAPÁ, QUE NACUAJO MÁS LARRRRRRGO!" Hemos volado. Literalmente. Que luego pensando en frío, las bichas de agua no hacen absolutamente nada, salvo ser asquerositas y viscosas, pero claro... lo de ver a tu hija agarrada a una culebra mal rollito te da. Por lo menos tanto como para anularte cualquier conocimiento "national geographic" que tengas por ahí almacenado en tu mente. Así que en dos nanosegundos estábamos los dos "sueltaeso-caca-caca-caca". Que luego recordándolo nos hemos echado unas buenas risas porque de verdad... te juro que no sé ni cómo cojones hemos logrado atravesar los cinco metros que nos separaban en... qué te diría yo... ¿un segundo?

Pues esa ha sido la primera de sus múltiples actuaciones estelares de hoy. La última acaba de tener lugar hace una media hora en el pasillo de arriba. Cuando Jon y yo nos hemos cruzado, y me ha besado diciendo "eh, mosquito rubio... adivina quién va a follarte esta noche" y antes de que yo pudiera ni parpadear, hemos oído una voz inconfundible de ardilla a nuestra espalda diciendo cantarina "YO NOOOOOOO... YO NO VOY A POLLARRRRRRRTE POSQUITOOOOOO, YO NO VOY A POLLARRRRRRTEEE..."

De esa no hemos salido raudos y veloces recorriendo distancias al segundo, no. De hecho... todavía andamos con el riego sanguíneo un poco tromboflebítico, mientras ella sigue canturreando abajo "pollar-pollar-pollarteeeeee..." y sus dos hermanos se descipotan de risa.