Día 3: Lalalá-chimpún

Si no puedes vencerlos, únete a ellos. Es un buen consejo. Así que hoy, cuando he notado que Jon se levantaba a las 7:00, me he levantado con él y he ido a correr también. Y lo de siempre. 15 minutos de querer morirme, luego 30 de "esto está chupao, soy el rey del mundo" y luego otros 15 de "maldita sea, por qué no me casé con un contable." Luego hemos llegado a la casa y directamente, de cabeza a la piscina. Y los perros detrás. SIEMPRE se nos olvida dar la orden a los perros. Siempre. Así que no hay día que no tengamos que sacarlos de la piscina. Un festival. Luego ya enseguida han bajado los cachorros y allí hemos estado en remojo hasta bien entradas las 12 que hemos subido a ponernos el aperitivo y DISFRUTAR DE LA FELICIDAD ABSOLUTA hasta la hora de comer. Y eso supone unos cuantos vodkatonics y unas aceitunillas para que no nos agujereen el píloro. Mañana iremos a buscar pozas de manantial para bañarnos. Tenemos una al ladito, pero queremos encontrar otra que esté un poco menos llena de gente para controlar mejor a la niñada. María es la reina de los renacuajos, y nos tememos que en un descuido se nos escape por ahí y termine flotando por los alrededores de Ávila. Una compañera me habló de una poza cercana que no estaba muy masificada, pero se ha convertido en El Dorado de las vacaciones, porque por más que buscamos y camineamos, no hay forma de encontrarla.

El sábado que viene, vienen Jokin y Gus con su nuevo perro salchichón. Creo que será cuando estrenemos la barbacoa.

No. Con el perro no. Con carne de la que ya estaba muerta. Que se te escapa la maldad.