Agosto

Nadie lee blogs en agosto. ¿Tú me sigues leyendo?

Queda concluido y cerrado mi segundo curso de grado de psicología (alegría, alegría y Pan de Madagascar). No he tenido ni una baja que lamentar, así que me autobeso y me voy a querer aproximadamente... hasta las 18:10h. que estaré volviendo a casa bajo los 39ºC madrileños y volviendo a odiar cósmicamente todo lo que me rodea. Mierda de verano. Que se lo queden sus fans. Yo no veo el momento de que llegue Octubre. Y este año por doble razón.

Ayer fui a la peluquería y me afeité la cabeza. No del todo. Me he dejado lo justo para que dé gustito pasar la mano. Lo justo para retenerme las ideas. El peluquero fue muy pesado diciéndome que no lo hiciera, porque no se llevaba así, y empeñándose en que solo me rapara los laterales. A mí lo de los laterales me sonaba a coche. Es una pena eso de ser peluquero y no ser observador, porque solo de un vistazo ya adivinas que soy lo menos "de moda" que uno puede esperarse. La próxima vez le diré a Jon K. que me pase la maquinilla eléctrica y me ahorraré los 10€ y la charla. Ahora hago mucho juego con el resto de marines de mi tribu. Si nos pusieras una túnica naranja daríamos el pego como monjes budistas por orden de tamaño. Lo cierto es que me flipa lo de no tener rizos encima de la nariz y cayéndome sobre las orejas. Sobre todo con el frío que está haciendo. Cuando llegué a casa y me puse a regar al gato, estuve un buen rato automojándome con la manguera apuntando hacia arriba. Fue mi orgasmo de las 19:30h. Y luego nada. Con una pasadita de mano en plan frssssss por el cráneo... perfectamente peinado. No sé por qué no llevo siempre el pelo así de cómodo. Supongo que porque me trae recuerdos del cáncer.

O, sin necesidad de ponerme tan intensito, quizá simplemente porque tengo cara de niña con susto y me sienta como a un santo dos pistolas.