Hoy

He empezado ocho veces este post y las ocho veces no soy capaz de sacarlo adelante. Pero quiero recordar que hoy me han dicho que Armando tocó fondo en su vida personal y laboral, y que lleva varios meses en paradero desconocido. Armando era compañero mío en el Centro de Menores. Salimos prácticamente juntos. Era histriónico, egocéntrico, inestable y peliculero, y me trajo no pocos problemas por aquellos años, pero no puedo evitar recordarle con cariño. De hecho, incluso aún conservo algunas expresiones suyas, así que saber que ha caído me hace sentir... extraño. Con una sensación entre la congoja y el enfado. Y es una sensación que tendré que sacudirme entre hoy y mañana porque realmente, no hay nada que yo pueda hacer para cambiarla.

He sacado mi vieja agenda. Sigue en el cajón de las porquerías. "El cajón del agua" que decía Paquito. Está llena de direcciones y de teléfonos de chicos y hombres de los que ya ni me acuerdo. Al lado de cada nombre yo escribía algún rasgo que los caracterizara. Porque sabía que llegaría a olvidarlos. Porque esa era realmente mi meta. Así que al lado de un Javier pone "música clásica" y al lado de un Luis pone "tebeos de Spiderman."

Al lado de Armando, al que nunca necesitaré poner apuntes para recordarlo, hay escrito un "animula, vagula, blandula". No me olvidé de Armando, pero sí olvidé por qué le relacioné con Adriano. La vida se me confunde. Tengo que volver a mis diarios. Pero noto que este no es el mejor momento.

Nunca volveré a ver a Armando. Ayer tampoco iba a volver a verle jamás, pero supongo que ahora, que he buscado su dirección, su foto, su teléfono y que he comprobado que ya no sirven para nada, soy perfectamente consciente de que no volveré a verle. Y no sé por qué estoy triste. Pero lo estoy.

No todos podíamos escapar. Éramos 15 chicos y una puerta muy, muy, muy pequeña.

Eso es lo que de verdad me gustaría decir en una de las charlas del Centro. Esas a las que me invitan y nunca voy. Eso me gustaría que supieran.