Mascotas

Mi compañero de Granada me ha traído hoy un cesto con tres kilos de melocotones de su pueblo. Rosados y maravillosos. No es porque yo le caiga tan bien que ahora me regale frutas como si fuera una corista del Copacabana, no... Es que el tipo tiene una serpiente. Sí. Es uno de esos gilipollas que tiene una serpiente. Bueno... no él, exactamente, porque la heredó de su hermano. Pero la tiene. Y se va de vacaciones un mes y necesita que alguien pase por su casa a dar de comer al bicho pasados quince días. Así que me lo ha pedido como favor. Porque tengo gatos, perros, loro y chinchilla y considera que eso me capacita para todo tipo de animales del mundo mundial, incluidos aquellos a los que no me acercaría ni harto de vino, léase serpientes, cocodrilos, dragones de Komodo, cucarachas, escarabajos peloteros, políticos de derechas...

La conversación ha sido breve y fructífera. Le he preguntado si comía animalitos vivos para poder pegarle un grito y me ha dicho que no. Le he preguntado si tenía que matar yo su comida para poder pegarle un grito y me ha dicho que no. Le he preguntado EXACTAMENTE qué comía su serpiente, para poder pegarle un grito y me ha dicho que los bloques de comida estaban en el congelador. Y a mí eso de "los bloques de comida" me ha sonado como a conglomerado variado de cosas indefinidas, tipo mierdinchi para peces. Así que le he dicho "¿y de qué son los bloques?" y él ha contestado. "Ratones. Solo tienes que sacar uno del molde, ponerlo en agua caliente un rato para que se descongele, cogerlo de la cola con las pinzas, levantar la tapa del terrario.."

Y ahí, por fin, ya he podido pegarle un grito.