S E X O

Para tratarme el equilibrio chungo de mi querido hipotálamo, me han dado unas pastillas que me revolucionan la testosterona y me tienen todo el día pensando en sexosexosexosexosexoSEXOsexosexosexosexo. Y sexo. Y más sexo. Jon K. está divertídisimo conmigo estos días. Se dedica a sacar biceps delante de mis morros en el desayuno o a besarme en plan malo de película cuando ya tengo hasta arrancada la moto para irme. Le divierten mis debilidades. Es un mapache mamón.

Me ha dicho el médico que se me pasará el subidón (aunque probablemente él se referiría a subidas de otro tipo) y que volveré a mis niveles de guarrismo normales. Más me vale. No me gusta una puñeta que los biceps de Jon K. dispongan de mi autocontrol. No es nada constructivo para mí. Aunque realmente los biceps no son el problema. Te puedo asegurar que si ahora mismo Jon K. fuera gordito, calvo y peludín tipo pelota de tenis, estaría igualmente babeando detrás de su pijama (o de su ausencia de pijama) hora sí y hora también.