Tienes cara de susto

El día que mi suegra descubra mi blog va a ser maravilloso ¿no?

Se lo debía (a él, no a mi suegra). Pero es largo de explicar por qué. Y se ríe (ya ves tú lo bien que me funcionan las venganzas) y me chincha "¿vas a borrarlo?" "¿lo borrarás?" Por supuesto que no. Yo no borro nada. Puedo no ponerlo. Pero nunca borrarlo. Quité los comentarios para que esto fuera mi territorio. Podrán entrar, o salir, o leerme, o dejar de hacerlo. Pero nunca dejará de ser mi trozo. Donde siembro, recojo, lloro y aniquilo. Si no puedo escribir lo que quiera en mi propio blog... mejor cerrar y desaparecer.

Puente movidito y de guardias. De visitas de familia y de barbacoas. De besos. Sobre todo de besos. Y de malos rollos. Y de buenos. Y de estreno de piscina. Muy chula. De montar y guardar con el próximo otoño. No sabemos si resistirá hasta entonces porque María deja entrar a los perros. No es muy buena idea que se reboce con ellos, porque están en el jardín y es fácil que pasen todo tipo de mierdas al agua, pero María es muy feliz nadando con ellos en plan Mowgli. Y hay algo de brillo especial en las personas que de niños pudieron jugar con animales. No queremos quitarle eso. Así que rezaremos a Belcebú para que la piscina no haga tingla-tongla y termine siendo un conjunto de palos desparramados sobre 7.000 litros de agua corriendo en cascada por el jardín.

El próximo fin de semana me toca irme a Alicante a repetir mi curso de buceo para poder bajar en las Maldivas. Mi monitor espartano no me ha perdonado la última cagada que tuve con los signos y dice que si no lo repito, no bajo.

Mi monitor espartano es un coñazo con lo estricto de las normas. Pero le quiero mucho. Creo que esa es mi única conclusión de todo este fin de semana.