El club de algo

Al final no he entintado la historieta, son las nueve y tengo esa sensación de sopor que me indica que hoy ya no haré nada más que tumbarme en el sofá y quedarme dormido cerca de las diez. Hoy ha sido un buen día. Un día estupendo. Cero dolores y solo con media dosis de droga. Bien, bien. Gracias cuerpo de Nepomuk. Vas resucitando. Ya queda menos. Para no estropear el día estupendo, no me he pesado. Lo haré mañana. Te lo prometo. O el lunes. El lunes es un día estupendo para pesarse. He descubierto hoy que Jon K. estuvo intentando cazarme pokémons por el hospital de Barcelona mientras me operaban y me he muerto de ternura. Todas esas chorradas de pokémons y de apps le resbalan bastante, así que meterse en el zarzal por mí fue todo un acto de amor. Así que cuando ha vuelto de trabajar me he esforzado en devolvérselo y he participado con él en todo lo que le gusta. Me he tragado la fórmula 1, me he tragado el rugby, me he tragado el baloncesto y a media tarde me he puesto a ver con él una película ochentera de su infancia de esas de John Hughes. No sé muy bien de qué iba exactamente porque se ha puesto a masajearme los pies (Jon Karlos, no Jon Hughes. Jon Hughes creo que está muerto y ya no masajea nada) y en la pantalla no paraban de hablar así que me he quedado sobado en el sofá antes de que a los chicos protagonistas les pasara nada interesante. Que igual es que no les pasaba nada interesante en toda la película y resulta que me he librado de un tostón, pero en fin... Ya la veré terminar un día de estos por aquello de no perder la esperanza de que alguien mate al chico del pañuelo en la bota.

Llevar un pañuelo en la bota. No he visto una cosa más tonta. Te pega tu padre, eres un outsider y vas y te pones un pañuelito rojo atado en la bota como si fueras Boy George. Y por si con esa mamarrachada no evidencias bastante que eres malote, te plantifican un mechoncito azul en el flequi de la melena.

Está claro que Jon Hughes sabe de outsiders lo que yo de monjas filipinas.