La risa negra

Anoche se murió una tía de Jon. Infarto fulminante, sentadita en el sofá, mientras veía Gran Hermano con su ahora viudo. Llamaron a Jon cerca de las once de la noche para que fuera para allá, porque tal cual la habían dejado a la pobre mujer allí sentada hasta que llegara el Samur a certificar la muerte. Y una vez que llegó el Samur, también tuvieron que esperar casi dos horas largas a que llegara el Juez para ordenar el levantamiento del cadáver. Total... casi tres horas con la pobre muerta sentada en el sofá y tapada con una manta. Luego, una vez vinieron ya jueces y funerarios, se montó un pequeño minishow para poder sacarla porque la mujer vivía en un piso 12, pesaba 130 kg. y no había forma de que cupiera la camilla en el ascensor. Que un poco más y tienen que bajarla echada al hombro, como quien lleva un paquete de leche del Carrefour. Cada vez que recibía una llamada de Jon para darme nuevo parte (porque yo me quedé en casa con mi taritas neurológicas y mis niños) aquello era una mezcla muy de Gasteiz entre gravedad y risa que yo ya no sabía ni cómo afrontar dignamente. Al final, una vez pudieron meter a la fallecida en el ascensor y en la consiguiente furgoneta de traslado fúnebre, el viudo, que hasta entonces había aguantado el tipo con encomiable entereza, se vino abajo y terminó arrodillado en el suelo del descansillo gritando como un poseso "ESPÉRAME EN EL CIELO BALBINA, QUE PRONTO IRÉ CONTIGO", hasta que un vecino, pensando que era un borracho pasado de tuerca, llamó a la policía municipal y con su presencia ya terminó aquello de ser un festival de Berlanga que no pudo concluir hasta que otra unidad de Samur le puso al pobre hombre un tranquilizante en dosis suficiente como para calmar un mamut. Cuando llegó Jon ya casi de amanecida a casa, me dijo: "Mira Ari... si me muero yo antes, mejor me subes en el correpasillos de María, me empujas hasta mitad del monte, y que ya lo solucione la Guardia Civil cuando me encuentre."

Y me tuve que reír, claro.