Logros desbloqueados

Matraka se ha vuelto a comer al Han Solo de Lego. Parece un chiste ¿no? pues no. No lo es. Ya van cuatro veces que me deja el Halcón Milenario sin tripulación. Mientras viene Jon para llevárselo al veterinario, estoy aquí esperando a ver si lo vomita. La última vez lo hizo. Entre las dos opciones de asquerosidad, lo prefiero bastante. Hurgar en caca de perro no me ayuda para nada a sentirme un chico afortunado.

Hoy he ido a mi trabajo a entregar la baja y a cotillear con mi contacto de nóminas si me habían hecho ya efectiva la revisión de categoría. Y ha merecido la pena, porque sí. Sí. SÍ. POR FIN TENGO LA PUTA REVISIÓN DE CATEGORÍA EFECTIVA PARA LA PRÓXIMA NÓMINA, así que he salido de allí queriéndoles bastante más a todos que cuando he entrado. Ahora me queda esperar a que cuelguen la nómina y comprobar cuánto va a suponerme una vez quitados impuestos y zarandajas. Eso será ya para la semana que viene, así que supongo que para el martes o el miércoles ya habré descubierto que son 50 putos euros y estaré cagándome en la madre que parió a Panete. Pero hoy no. Hoy estoy contento y feliz, y me siento realizado. Ha sido un año de pelear contra Goliat y he ganado. Eso es ahora mismo para mí lo único importante. Que le he ganado. Y ahora recordarle sentado frente a mí con su calvita brillante y sus ojitos de mofeta diciéndome "uy... esto va a ser difícil concedértelo..." me lleno yo solo de orgullo y de satisfacción.

Me acuerdo de Jon animándome todas las noches cuando me veía derrotado y dándome consejos de lenguaje no verbal cada vez que tenía una reunión. Y me acuerdo de la tarde que se pasó metido en el sindicato averiguando cuál y cómo debía ser mi planteamiento ante la jefatura. Para algo que, al fin y al cabo, a él ni le iba ni le venía. Quiero mucho a Jon. Es un gran compañero, nunca me cansaré de decirlo. De los que te apoyan incondicionalmente y pase lo que pase. No siempre suele coincidir lo de querer mucho con lo de querer bien, así que en ese sentido sí que me considero afortunado. Jon se ha convertido en parte de mi fuerza. Consuela pensar que si llega el momento de darme de morros, siempre podré contar con que él me ayude a levantar. Y eso anima mucho para saltar cada vez más alto.