Precaución amigo conductor

Antes que nada y a modo de apunte general al universo: si has solicitado seguirme en twitter y te he bloqueado, por favor, envíame un correo y cuéntame. Estos días estoy muy espeso y con taras mentales severas y necesito señales luminosas que me indiquen el camino.

El otro día intentaron abrirme el coche. No sé cuándo exactamente, porque lo aparco a diario por la zona del trabajo y fue en la puerta del acompañante, con lo que tardé bastante en darme cuenta. Tengo palanca de bloqueo de volante, así que no creo que quisieran tanto robarme el coche como intentar pillar algo de valor que hubiera dentro. Y muy listos no fueron, la verdad, porque ya ves tú lo que iban a encontrar de valor en un puto Dacia. No sé qué más señales necesitaban las criaturas para adivinar que soy pobre. Pero en fin... el caso es que me hundieron la chapa un poco y me torcieron la cerradura así que aproveché y pasé un parte al seguro para que ya me lo arreglaran y me pintaran la puerta. Pero hoy los del taller han querido ser más superlistos que nadie, y después de siete días con el coche, se han limitado a darme dos martillazos y cambiar el bombín. Y punto. Los mismos rayajos con los que lo dejé, ahí seguían. Habían presupuestado al seguro bombín, chapa y pintura, y ni pintura, ni chapa, ni ná. La jugada estaba clara. El seguro les paga 230€, ellos se gastan 60€ en las cuatro mierdas básicas, se embolsan los otros 170 confiando en que no me voy a quejar porque tengo un coche de mierda y soy un pringao, y si cuela, pues cuela. Y tenía todas las de colar porque, EN EFECTO, soy un pringado y tengo un cochemierda.

Pero me temo que en la ecuación no contaban con Jon K. Que ha sido el que ha recogido el coche, ha visto la jugada y... ha montado en cólera.

No te puedes imaginar la bronca. Casi veinte minutos de chaparrón llamándoles sinvergüenzas, estafadores y demás cosas superbonitas, mientras yo esperaba encogidito en el asiento del acompañante con las ventanillas subidas porsiaca se soltaba algún ladrillo del garito con la reverberación acústica de los rugidos. Que yo pensaba "ya está. Ahora el mecánico se pone chulo, saca una llave inglesa, Jon K. agarra el gato(*) del maletero y ya tenemos aquí la nueva Fast and Furious en versión Chamberí.

Pero no. No pasó nada de eso. Porque Jon es gigante y espartano, y el mecánico tenía espíritu de supervivencia, supongo. Así que todo quedó en un montón de disculpas y un "tráemelo el lunes y te lo pinto" y una amenaza formal de poner quejas en la aseguradora, en el libro de reclamaciones, en los interneses y en hasta en las enaguas de la madre del dueño del taller.

Van a hacerse pis en mi coche. Lo sé. Echarán una meadita debajo de la alfombrilla y tardaré tres trimestres en descubrir de dónde viene el olor.

O me cortarán los frenos y me estamparé contra un cartel de la A6 que diga Enjoy-Cocacola.

(*)gato de levantar coches, no de los de pellejo y hocico. No es que me los lleve en el maletero a merendar ni nada.