Again

Ya he vuelto. Ha sido maravilloso. Tan maravilloso que de souvenir me he traído unos vértigos. O suponemos que serán vértigos. No lo sé. Lo único claro es que no puedo ponerme recto desde ayer sin que parezca que estoy dentro de una lavadora. Es bastante desconcertante porque no siento nada más. Ni náuseas, ni dolores, ni contracturas... Nada. Solo yo y una habitación que gira cuando me levanto y se para cuando me acuesto. Así que así llevo las últimas 40 horas. Tumbado boca arriba con las manitas cruzadas, como un vampiro. En estos momentos soy como un enfermo absurdo, porque me encuentro bien, pero no puedo levantarme. Y Jon está dedicado al trabajo 28 horas de cada 24 por culpa del desfile, así que... ahora mismo tengo prácticamente todo lo necesario en mi subsistencia al alcance de la mano. Por este lado el ordenador, por el otro el móvil con los teléfonos de emergencia, un poco más allá la bandeja con un almuerzo frío, la botella de agua, un apoyo por si tengo pis... Soy un chico relegado a una cama. Esta tarde, cuando venga Jon y antes de que se vuelva a ir otra vez, iremos a urgencias al hospital para que me hagan un TAC y descarten que pueda ser neurológico. Mi suegra dice que parece probable que se me haya ido un poco la mano con la agitación craneal en las montañas rusas y que de ser solo eso, se curará con simple reposo en pocos días. Eso espero. Lo de andar dándote con las paredes no resulta nada divertido, créeme. Además, pasado mañana es el cumpleaños de María y tenemos fiesta. Dinosaurios contra cavernícolas (hemos trampeado la historia para ella, ahora que todavía no tiene profesores de ciencias). No quiero ser el único dinosaurio que no camine en línea recta. No tendrá nada de gracioso ser pasto de las hachas cavernícolas de seis fieras de tres años.

Sí. Tenemos doce niños por ahora. Estamos bastante comedidos con eso de que aún son pequeños y tendrá que quedarse algún padre.

Me aburro entero y se me ha terminado Transparent. Dime alguna película bonita para ver que no haya llorar, anda.