Mi gran noche

Jon está preocupado por mí. Hoy se lo he visto en los ojos al mirarme y se lo he notado en el abrazo de pronto sin venir a cuento, cuando yo estaba hablando de listas de la compra y garbanzos (que no es que sea precisamente un tema como para despertar amores). Y sé perfectamente por qué le preocupo. Porque ya son 12 kilos menos y no tengo pinta de recuperarme. Al menos no a corto plazo. Bueno... ni a largo. A ninguno. Ya he vuelto a comer igual que comía antes (o sea, a lo bestia y sin ton ni son), pero nisiquiera soy capaz de mantenerme en el peso que tenía antes. He tenido que pasarme dos agujeros más de cinturón y las camisetas se me han convertido en sacos. De seguir a este ritmo, para el Halloween de 2017 no me va a hacer falta disfraz para dar miedo. Necesito un plan. Y un plan a ejecutar YA. Pero bueno... como esta noche es nuestra fiesta de Halloween, casi que mejor hago un Scarlett O'Hara (cada vez que digo esto pienso en lo mariquita que suena) y ya lo pienso mañana.

Esta noche celebramos nuestro sarao de terror y tenemos un poupourri interesante entre niños de mediana edad, prepúberes y adultos, así que igual terminamos todos a palos. Sobre todo los adultos, que se supone que somos los asustadores. Esta vez hemos dejado la casa telarañosa y prácticamente en penumbra absoluta y Jon y yo vamos con una malla negra con el relieve de un esqueleto en pintura fosforescente. La verdad es que ayer lo estuvimos probando a oscuras y no veas sin acojonaba. Pero para terminar de rizar el rizo habitual, Jon les ha puesto un minicircuito con batería para que se iluminen los ojos con luz roja pulsando un botón que llevamos en la mano. Sí. Así son las cosas. Hay quien se pone en la cabeza un frutero de su madre y dice que va de chino y hay quien se tira una semana montando circuitos electrónicos para tres minutos de chimpún. Nosotros somos de los segundos. Hoy nos dedicaremos a poner a salvo todos los objetos arrojadizos (porsiaca) y a dejar el paso libre de tropezones, y a terminar nuestra meriendacena de vísceras, gusanos, tartascerebro y asquitos.

No puedes ni imaginarte lo mucho que me gusta montar esta fiesta. Es mi favorita del mundo mundial. Al menos mientras sea asustador. El día que me toque ser asustado supongo que entonces preferiré la Navidad y lo de tirarme en un sofá a comer turrones al lado de una abuela que diga que esta es la última Navidad que pasa con nosotros. O algo.