Pleistovértigo

Segundo día. Un poco de preocupación porque definitivamente esto no es de cervicales. Ayer me doparon en urgencias con drogas varias, así que no he hecho más que dormir como un ceporro y tener sueños absurdos en los que mi gato Hocus se asomaba a la cama y me hablaba como si fuera el gato de Shrek. Y, aún más absurdo, en lugar de salir corriendo gritando sapristi, yo le contestaba tan pichi y mantenía una conversación cantidad de coherente. Ya ves. Así está mi subconsciente. Ayer tarde me estuvieron haciendo las pruebas típicas para descartar meningitis y me dijeron que no parecía un vértigo neurológico, así que me enchufaron dogmatil y valium (por aquello de mis discos vertebrales chungos) y me derivaron al otorrino. Pensé que mejoraría. Pero no. Esta mañana en cuanto me he incorporado de la cama, otra vez la habitación me ha dado un giro. Ya no es tan brutal como el primer día, ok, y hasta puedo andar como el resto de seres humanos del mundo mundial, pero no debería bajar en graduación. Debería desaparecer. Y no. Sigue ahí. Como si tuviera metida la cabeza en una escafandra. Esta tarde tengo consulta con el otorrino. Ni puñetera idea de que me mandará o qué me hará. Yo tenía la bonita intención de reincorporarme al trabajo este jueves, pero me da que el universo conspira para que siga estando en casa como un zángano con la cabeza como un boniato. Bueno. Pues ea.

No sé bien cómo voy a llevarlo mañana en la fiesta de cumpleaños de María. Hemos pedido a la canguro que venga, porsiaca. Por ahora todo reposa en los hombros de Jon, Pedro y Simón (y de Jokin y Gus que nos están echando una mano como buenos amigosvecinos). Me siento un boniato culpable e inútil, viendo montar la fiesta a mi alrededor sin poder hacer nada más que pintar globitos y dibujar tarjetas, como un gelipollas. Ni siquiera creo que pueda participar en la batalla, así que lo más seguro es que acabe haciendo de árbitro. De árbitro que se da contra las paredes. Y encima son niños de tres años. Más bajitos = más miradas hacia abajo = más desequilibrio = más hostias. Igual termino siendo el primer árbrito boniato que muere pisoteado por una turbamulta de preescolares pleistocénicos.

Y por la mañana tenemos el desfile militar y la comida.

La verdad es que nos hubiera venido de coña que la Virgen del Pilar se hubiera esperado este año a Noviembre, junto con los halloweens. Nos habríamos ahorrado un señor curro.