Aniversarios y dojos

Ayer limpió Jon todo el cacao Halloween y toda la casa. Baños, aspiradora, cocina, polvo... todo lo limpió enterito él solo. Y cuando llegué, como tenía que ponerme a dibujar, ni siquiera pude ayudarle y también se comió los deberes, las cenas y los baños de los tres cachorros (o de los dos, porque Pedro se maneja solo y bien solo). Últimamente soy como un ficus en casa y solo llego para encerrarme y hacer codos. Cuando no es el estudio, es el dibujo y cuando no, las coreos del sábado. Y eso sumado a que ahora es de noche cuando debiera ser de día y que sigo con 12 kilos que recuperar... llevo unos días un poco hacia la baja. Días con ganas de cambiar algo y sin saber exactamente qué cambiar.

No es que Jon se queje. Al contrario. Asume todos mis paréntesis vitales con sonrisa y rollo positivo, porque es espartano, es buen tío y me quiere lo suficiente. El día 11 es nuestro quinto aniversario. Hemos hecho un lustro de matrimonio y nadie daba un duro por nosotros (aún recuerdo las caras de sus amigos cuando les dijo que se casaba). Para que veas. La matemática del caos también se puede aplicar a las parejas e igual aquello que crees que jamás podrá salir bien es lo que al final mejor termina saliendo. Por mi parte no me sorprendo. Para mí Jon fue siempre una certeza. Casarnos o no casarnos era lo de menos. Mi seguridad era la de que querer tenerle cerca el resto de mi vida. En calidad de lo que fuese. En el modo que él quisiera. Pero conmigo. Donde pudiera sentirle, tocarle, oír su voz, hablarle. Supongo que el amor de tu vida viene a ser eso y que es bastante más sencillo y menos cursi de lo que nos cuentan en los libros. Pero no deja de ser algo que todos nos mereceríamos sentir alguna vez. Algo inherente a lo de seguir estando vivos.

Han cambiado a María de kung fu a taekwondo y resulta que es una crack. Ayer su profesor nos contó con muchísimos aspavientos que tenía MUCHO POTENCIAL y que era FABULOSO que hubiera empezado tan pronto porque podía llegar INCLUSO A COMPETIR. Independientemente de que el tipo sea un pelín exageradito (recordemos aquí que María tiene tres años y el mismo peso y tamaño que una grapadora) nosotros recibimos la buena nueva con cara de vaca mirando al tren. Y no porque no nos lo creamos, ojo, que lo hacemos (solo pasando diez minutos con ella ya ves perfectamente que será una adolescente capaz de derrotar con dos hostias al Dr. Doom), sino porque no nos pilla en absoluto de sorpresa que en el dojo sea la reina de las patadas a la yugular. Es más... de todo esto lo que realmente nos sorprende es que al profesor todavía le sorprenda. Se ve que el pobre recibió a María en clase sin ponerse al día de noticias con el de kung fu.