Compañeros

Tengo un compañero nuevo. Nos lo han traído hoy, para hacernos compañía a mí y al gallego y va a estar haciendo con nosotros un año de prácticas universitarias. Es modosito, muy sosegado, muy pulcro y muy gay. Sobre todo pulcro. No sé si porque hoy era su primer día, pero ha venido hecho un bracito de mar. Impecable, de la cabeza a los pies. Hasta los cordones de los zapatos los llevaba inmaculados. Normalmente es algo que admiro muchísimo en una persona. Lo de la impecabilidad absoluta. Me imagino que porque yo vengo a ser exactamente lo contrario y en mí no hay rizos que no me terminen sobre la nariz, ni bajo de pantalones que no se me descosa. De hecho, hoy que yo iba razonablemente vestido y colocadito, ha sido ver al nuevo y sentirme a su lado como uno de eso gitanos rumanos que van empujando carritos llenos de trastos por las aceras con calcetines de tenis y chancletas de piscina.

A mediodía ha venido Jon a comer conmigo y por aquello de no dejar al nuevo solo con el gallego, hemos comido juntos los cuatro. Y no sé cómo la conversación ha derivado en el ejército y en las misiones españolas de la Guerra de Yugoslavia. Cuando a Jon le sacas el tema de las misiones de guerra puede llegar a contarte cosas muy espeluznantes, así que le he dado un par de pataditas por debajo de la mesa para que no asustara mucho al chico modosito, sosegado y superpulcro, pero no ha servido de nada más que para que me mirara y me dijera "Que me estás dando patadas, mosquito..." y yo tuviera que responder "er... perdona" con las orejas como dos lombardas. Jon es así. Tiene menos dobleces que un tranchete. Para reventar cabezas bien, pero para llevártelo de espía... chungo. Entonces ha empezado a contar cómo su primera misión en Yugoslavia fue la de intercambio de cadáveres y cómo muchas veces tenían que hacer puzzles de cuerpos destrozados en plan "esta cabeza, con estos brazos de aquí y con aquellas piernas de allí y tenemos un cuerpo entero". Y el ceporro del gallego preguntando detalles con su voz de yenka monocorde, del tipo "¿es cierto que hubo hasta canibalismo y profanación de cadáveres? cuéntame detalles" Y el chico modosito, sosegado y superpulcro, cada vez menos sosegado, menos pulcro y más verdoso oliva. Cuando hemos subido al café le he dicho "No te asustes mucho, que normalmente no solemos hablar de mutilaciones ni canibalismos" y el gallego (yenko y monocorde) ha añadido: "A mí no me importa hablar de cadáveres. La muerte y la violencia forman parte de la vida." Y luego ha procedido a pasar su lengüita sonrosada por el palito del café surrrlp-surrrlp con expresión de oso panda.

Pobre chico nuevo. Mejor le hubiera ido en audiovisuales, que son igual de psycho, pero al menos suelen estar callados.