El antihéroe

He dicho que no iba a la comida de Navidad del área. Todo el mundo se ha echado las manos a la cabeza y se ha extrañado mucho-mucho. No porque no quisiera ir (porque en realidad no queremos ir ninguno) sino porque no voy. Así que supongo que el mundo de las relaciones laborales es toda una infraestructura sencillamente complicada que no termino de entender del todo. Por eso cuando me llamaron al despacho para que diera una excusa razonada de por qué no quería pasar 4 horas de mi jornada laboral de parrandeo por ahí con todo el área, solo dije "porque no me apetece mucho" y creo que el hecho de considerarlo un razonamiento suficiente, ya le pareció a mi jefe bastante desfachatez prorevolución. Eso y que parece ser que ahora he dejado caer algo parecido a la piedra de Sísifo, y ya hay otros cinco que se han rajado también detrás de mí. Pero de verdad, tú me conoces... Nunca fue mi intención iniciar levantamientos. Soy bastante más feliz en el rincón que en la galería, ya lo sabes. Es simplemente que últimamente me siento feliz, y cuando soy feliz es como si el mundo se simplificara. Como si se convirtiera en algo llano donde aplicar tranquilamente ecuaciones perfectas de tipo: mi deseo = mi voluntad. Ya te lo he dicho muchas veces. La vida es corta y tuya. Son dos motivos de peso para vivirla como nos salga de los cojones. Digo yo.

Hoy mi jefe no me quiere demasiado. Me dedica miradas lúgubres cuando pasa por mi lado y evita cruzarse conmigo por el pasillo. Fíjate tú. Si es que al final todo eran ventajas...

Esta mañana he despedido a Jon, que vuelve a irse, esta vez a Suiza. Suiza sí. Suiza mola. Tiene chocolates, quesos, está aquí al lado, no hay gente enfadada... Suiza bien. Volverá para el domingo y ya no moverá más su pétreo culo vasco de casa hasta el 2017, así que esta vez podré evitar escribirle cartaposts lánguidas y ñoñitosas. ¡Alegría, alegría y pan de Madagascar!