Luna

En fase de reflexión después de las tonterías de ayer. Creo que me apetece cambiar el blog. Siempre me pasa igual. Cuando me concentro en el blog... cambio el blog. Llegará el día en que encuentre una plantilla y una cabecera que sean LA PLANTILLA y LA CABECERA, y se queden fijas y triunfadoras ahí hasta el día de mi muerte, pero hoy no es ese día. Y toca cambiar el blog. En general toca cambiar todo. Sobre todo de actitud y de mundos. Me quedaré más en este. Soy un mosquito que va de mundo en mundo y todos los trastoca. Lo único que pasa es que en este no hay nadie a quien le importe. Y eso tiene su encanto.

Hay una luna espectacular. Si puedes, asoma el cogote por la ventana y mírala. Como María ya estaba acostada y Pedro aún repasaba para un examen, he acompañado a Jon a pasear a los perros. Todo el monte parecía plata. El campo iluminado por la luna siempre me trae recuerdos de vacaciones en los malditos campamentos de los frailes. Las tiendas de campaña y el crujido de los pasos en el camino de grava que daba al refectorio. El nylon del saco de dormir. Cuando era pequeño siempre me parecía que la noche era un mundo y el día otro. Sigo pensándolo incluso ahora que me han enseñado y recontraenseñado que es el mismo mundo con distinta luz.

Yo soy un mismo chico con distinta luz. Llevo toda la vida siendo dos, tres, cuatro, ocho Arieles. ¿Cómo pueden ocho Arieles llegar a la conclusión de que solo exista un mundo?

No me gusta una mierda el mundo de la noche. Incluso en noches con lunas como esta. Tengo la teoría de que todo lo malo sucede de día y duele de noche.