Modo Jon

Ayer me hicieron la encerrona de la muerte. Leo mi post de ayer y me siento entre gilipollas y supergilipollas. Así. En un término medio de gilipollez intrínseca. Porque al final fui al cine, sí. Después de muchos tiras y aflojas y una insistencia más que sospechosa (ahora lo veo), fui. Y me senté en mi butaca, todo agobiado y angustiado, pensando que tenía que haberme quedado en casa, y con el móvil cogido sobre las rodillas, preparado para salir haciendo la croqueta por entre los asientos de nuestra fila si vibraba el skype. Y en esas empezó el apagado de luces y los primeros anuncios de coches (esos que solo sirven para comerte medio paquete de las palomitas que has intentado reservar hasta entonces para la peli), y Jon se sentó a mi lado. Así. Tan pichi. Entró, se sentó a mi lado y me miró. Y yo, viendo por el rabillo del ojo que "el idiota grandote este que tiene todo el cine vacío y va y se tiene que sentar al lado" me estaba mirando, pensé "pero bueno...¿y este de qué va?" y al sentir que me ponían una gominola en el anverso de la mano, le miré... y Jon. Ahí. Con sus dientes blanquísimos fosforeciendo lo oscuro y diciéndome "hola mosquito."

Le encanta. Le fascina hacerme este tipo de cosas. Hasta el punto de que he llegado a pensar que cuanto más cara de tonto tengo, más le pongo, o algo así. Porque si no, de verdad que no me lo explico.

Bueno, pues tres días con él. Luego se irá otro poco y luego ya esperemos que vengan unas Navidades tranquilas. El venir hasta Madrid para solo tres días entre un viaje y otro, es un quebradero de cabeza y de cuerpo que solo hace por estar conmigo (con nosotros) así que independientemente de que sea un cabronazo que se divierte jugando con mis angustias... que nunca falte un Jon en nuestras vidas. Así... en general.