Party Hard

Mi compañero gallego me ha traído 456 kilos de castañas de su pueblo. Desde que toma antipsicóticos parezco caerle hasta bien. Para que luego digan que las drogas no son buenas. Ahora faltará que mi suegra me traiga otros 400 kg. de castañas del suyo y ya mi vida entera será una pura castaña. No voy a pasarme. Me acuerdo del año pasado que asé y me comí de una tacada media bolsa y tuve dolores de estómago durante una semana. Esta vez seré prudente y asaré de poquito a poquito (y no digo que comeré de poquito a poquito porque yo soy yo, llevo toda la vida conmigo y me conozco).

Nuestra fiesta Halloween fue otro éxito. Una de las madres nos dijo que el año que viene, si la organizábamos nosotros, nos dejaba su casa del campo y su finca para hacerla más grande. Nos pareció una forma cantidad de sutil de hacer que le montáramos una fiesta a sus niños-primos-sobrinos by the face, a cambio de llevar a los tres nuestros. Pero como estábamos un poquito puestos de adrenalina fuimos corteses y dijimos que eso "sobrepasaba nuestra capacidad de fiesta". Una mentira como otra cualquiera. No hay NADA en este universo que sobrepase nuestra capacidad de fiesta. Este año ha sido especialmente divertido porque como íbamos de esqueletos fosforescentes, la caza y persecución de humanos la hicimos completamente a oscuras. Tan solo dejamos un par de leds azules en las escaleras para evitar niños descalabrados y alguno suelto en pasillos. Y ya. El resto al tanteo. Y para terminar de ser cabrones, nos dedicamos a poner espejos con luz y cosas pingantes, del tipo telaraña... araña peluda... gusanos viscosos... Fue un exitazo y nos reímos hasta el pis. Él único problema fueron nuestros disfraces. Que eran la caña porque consistía en una malla integral negra, como las que se usan para el croma en las pelis, con un esqueleto en relieve fosforescente en la parte delantera (con lo cual, tan solo girando ya desaparecíamos) y un circuito que nos iluminaba dos leds intermitentes en los ojos cuando pulsábamos un botón en la palma de la mano. Y digo que fueron el problema porque se nos olvidó el pequeño detalle de que algo fosforescente solo luce cuando se ha recargado previamente de luz, así que cada dos por tres teníamos que andar saliendo al exterior a "recargarnos" para sorpresa general del vecindario y de todo el que pasara por allí. Que por mucho Halloween que sea, lo de que se abra una puerta y salgan dos esqueletos trotando con una niña zombi de la mano y tres perros detrás guauguauguau pues... un pelín sorprende, para qué nos vamos a engañar. Porque claro... teníamos que llevarnos a María, que la pobre sigue siendo de tamaño llavero y resultaba superfácil lo de perderla en las estampidas.

Salvo ese pequeño detalle y el hecho de que yo me asusté de mí mismo en TODOS y CADA UNO de los espejos que YO MISMO había puesto... me reí como nunca en mi vida. En serio. Es una pena absoluta que no sea siempre Halloween. O Navidad. O cumpleaños. O LO QUE SEA QUE MEREZCA FIESTA.